
En la actualidad la enseñanza no es solo cosa de cátedra y libros, la posibilidad del juego como parte académica hace del aprendizaje algo más significativo y se ha convertido en el aliado del docente dentro del aula y al aire libre. Conecta a los alumnos con su entorno y con situaciones cercanas a la realidad, mejora la autonomía y confianza gracias a que es motivante y divertido.
El juego no solo es para los pequeños, aun en los jóvenes estudiantes favorece la socialización, el trabajo colaborativo y las relaciones sanas y positivas, incrementando las competencias cognitivas y el desarrollo físico y emocional lo que les ayudará a enfrentar la vida futura.
El docente posibilita y ofrece a los estudiantes las experiencias lúdicas atendiendo a sus necesidades, actúa como guía activo que los acompaña a construir su propio conocimiento tanto individual como colectivo y aboga por un proceso gradual en el que los estudiantes ganan una autonomía progresiva desde la infancia, permitiéndoles interactuar con situaciones próximas a la realidad y un ambiente rico en estímulos propios del juego.
El juego en el aula es una escuela de la vida, una escuela del mundo como desafío donde los alumnos tengan voz y el docente escuche sus opiniones, necesidades e inquietudes y con su ayuda identifiquen sus fortalezas y debilidades seleccionando las estrategias adecuadas para fomentar la seguridad y la motivación.
El docente, al escuchar y empoderar a los alumnos, busca despertar su conciencia crítica, promover un cambio social y la reflexión sobre su entorno.
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