Imagen: Marco Moreno
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Hace (9) meses

Hidalgo: ¿rumbo firme o simulación del progreso?

El juicio del pueblo —al que dice estar preparado el gobernador— no será por la elocuencia de sus frases, sino por la contundencia de sus resultados. Y en eso, hasta hoy, los números hablan más fuerte que cualquier discurso.

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Me miró de frente y aseguró que mi insistencia en señalar lo que no funciona era, necesariamente, torcida. Ver fisuras donde otros aplauden es una forma de necedad. Mi respuesta fue simple: ejercer el derecho a disentir no es torcer la realidad, es honrarla. Callar ante lo evidente, eso sí, sería una distorsión imperdonable.

Lo repito con claridad: Hidalgo no será potencia si sigue promoviendo inversiones con el mismo libreto de siempre. Una planeación que se limita a colocar anuncios y cortar listones, pero que ignora las características fisiográficas, ambientales y la disponibilidad real de recursos, está destinada al fracaso. No es falta de entusiasmo, es sentido común. Las promesas no sustituyen la estrategia, y la estrategia no se improvisa en discursos de inauguración.

La planeación moderna exige interdisciplinariedad y transdisciplinariedad. No es una palabra rebuscada, es una necesidad: se requiere que urbanistas hablen con ingenieros ambientales, que economistas dialoguen con expertos en desarrollo social, que los políticos escuchen a quienes conocen el territorio.

Sin embargo, lo que menos hemos visto en Hidalgo es un gobierno dispuesto a coordinar esos saberes. Nos hablan de crecimiento, pero callan sobre sostenibilidad. Nos hablan de empleos, pero omiten la calidad y permanencia de esos empleos. Nos hablan de inversión extranjera, pero silencian los costos ambientales y sociales que vendrán después.

En lo político, la reciente tensión alrededor de la revocación de mandato revela grietas. ¿Hay un desacuerdo interno en Morena o simplemente se confirma que en Hidalgo este mecanismo no tiene juego real?

El propio gobernador lo dijo en Huejutla: “Estoy preparado para el juicio del pueblo. Si la decisión es que continuemos, lo haré con más fuerza, con más compromiso y con la misma convicción con la que asumí este honroso encargo.”

Las palabras suenan firmes, pero el contexto las vacía. Pero la verdadera pregunta no es si el pueblo juzgará, sino si contará con información suficiente y transparente para hacerlo.

En materia ambiental, los avances brillan por su ausencia. Las plagas forestales siguen devastando bosques mientras se difunden boletines que aseguran lo contrario. La contaminación en Tula y la devastación de amplias zonas de la entidad se mantienen intactas, como heridas abiertas. ¿Dónde está la planeación ambiental de largo plazo? ¿Dónde están los proyectos serios que integren ciencia, tecnología y participación ciudadana?

Y si de seguridad hablamos, basta mirar los titulares: balaceras en Tlaxcoapan y Mixquiahuala. No son hechos aislados, son síntomas. Síntomas de una política de seguridad reactiva, más interesada en administrar la percepción que en resolver el problema. ¿De qué sirve afirmar que “todo está bajo control” si los ciudadanos sienten exactamente lo contrario?

No se trata de pesimismo, sino de honestidad. El pensamiento crítico no destruye, construye. No pide derrumbar instituciones, pide que funcionen. La crítica no es enemiga del progreso; es el único camino para evitar que el progreso sea una fachada.

Hidalgo necesita algo más que promesas y fotos oficiales. Necesita un plan real que articule economía, sociedad, ambiente y seguridad. Que reconozca nuestras fortalezas, pero también nuestras limitaciones. Que piense el futuro no como un eslogan, sino como un proyecto de Estado.

Porque, guste o no, no hay desarrollo posible sin planificación estratégica sustentada en la realidad. Y la realidad no se maquilla. Se enfrenta. Si el gobierno habla de atracción de inversiones, que explique cómo piensa equilibrarlas con la capacidad hídrica y energética del estado. Si habla de empleo, que hable también de capacitación y salarios dignos. Si habla de seguridad, que hable con datos, no con frases de ocasión.

La ciudadanía ya no está dispuesta a conformarse con aplausos automáticos ni con triunfalismo prefabricado. Hoy, quien ocupa un cargo público, debe entender que la crítica no es personal, es institucional. Que disentir no es atacar, es participar.

Que los ciudadanos informados no son enemigos, son el mayor capital político que cualquier gobernante podría tener.

Por eso, sostengo lo que dije frente a quien me llamó ignorante: Hidalgo no será potencia si sigue transitando la misma ruta. Porque el desarrollo verdadero no es la suma de inauguraciones ni la repetición de planes reciclados. Es la capacidad de integrar conocimiento, territorio y visión de futuro.

La pregunta es simple: ¿tendremos un gobierno capaz de hacerlo? ¿O seguiremos llamando “avance” a cada corte de listón mientras el estado pierde competitividad, seguridad y sustentabilidad?

El juicio del pueblo —al que dice estar preparado el gobernador— no será por la elocuencia de sus frases, sino por la contundencia de sus resultados. Y en eso, hasta hoy, los números hablan más fuerte que cualquier discurso.

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