La tragedia ocurrida en Hidalgo puso al descubierto las carencias de las comunidades más desprotegidas y al mismo tiempo dejó clara la generosidad de cientos, quizá miles de personas, instituciones y empresas que estuvieron dispuestas a donar…

La tragedia ocurrida en Hidalgo puso al descubierto las carencias de las comunidades más desprotegidas y al mismo tiempo dejó clara la generosidad de cientos, quizá miles de personas, instituciones y empresas que estuvieron dispuestas a donar lo que fuera necesario para aliviar el sufrimiento de las familias.
Las historias que se fueron tejiendo a lo largo de 20 días dieron cuenta de que, a todos, la tormenta que se venía los agarró en la pendeja.
Pero los conocedores del clima aseguran que desde el primer momento se sabía que algo no estaba bien.
A vecinos de Chapula, una de las poblaciones que aún se encuentran incomunicadas y a la que solo se llega por helicóptero, se les hacía por demás extraño que el arroyo, ese que nunca de los nuncas se había llenado de agua, ahora comenzara a llevar un buen caudal.
Florentina platica que ella y su esposo se resistían a dejar su casa, pero el agua subió en cuestión de minutos y ya les llegaba al pecho cuando decidieron salir de su vivienda por la chimenea.
De qué tamaño fue su desesperación y el instinto de conservación que esta pareja de adultos mayores usó el hueco de la chimenea para salir a la azotea y esperar el amanecer para que bajara el agua.
Florencia, su hija, logró rescatar a sus hijas, ponerlas a salvo y nada más.
Atrás dejaron ropa, muebles, recuerdos… todo se lo llevó el agua, lo sepultó bajo toneladas de piedra, troncos y lodo; los esfuerzos de toda una vida.
Al salir el sol, poco más de 100 personas, en su mayoría niños, madres y personas de la tercera edad, se dieron cuenta del tamaño de la desgracia y entones comenzó más que el recuento de daños, que para ese momento ya eran incuantificables, sino la urgencia de poner manos a la obra y, lo principal, preservar la vida de los pobladores.
Estaban ahí solos, en medio de la nada, sin luz, sin caminos para salir del lugar, así que, como pudieron, mandaron mensajes a sus familiares que viven en Estados Unidos para que enviaran dinero y poder contratar un helicóptero que los sacara de este lugar.
La espera fue una pesadilla, la respuesta tardó más de cinco días, pero al fin llegó y con un vuelo privado fueron saliendo del sitio las familias: mujeres y niños primero, luego adultos mayores.
A estas labores de salvamento se unieron miembros de la fuerza aérea. Quienes también apoyaron a esto fueron los asustados pobladores a los que la tormenta había tomado por sorpresa y los había dejado solos y sin nada encima.
La mayoría de los pobladores de esta pequeña comunidad decidió refugiarse con familiares de municipios vecinos, principalmente en Zacualtipán, donde una vez más la generosidad se puso a prueba y los acomodaron en casas y les entregaron ropa y víveres.
Poco a poco, además de las donaciones locales, fueron llegando otras ayudas, sobre todo del gobierno del estado y del gobierno federal.
Tras 20 días de labores y de la entrega de cientos de trabajadores y de elementos del Ejército mexicano que de verdad se pusieron la camiseta y le chingaron en serio para dejar los caminos aceptables y que por ahí llegaran los víveres, la ropa, los medicamentos y todo lo necesario para atender la emergencia, ahora a reconstruir; eso sí va a estar bien cabrón.
Espero sus comentarios.
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