Imagen: UCLAH
 · 
Hace (3) meses

El respeto no tiene fecha de caducidad: reflexiones desde el corazón del aula

Era un lenguaje común que nos permitía trabajar en armonía

Imagen: El respeto no tiene fecha de caducidad: reflexiones desde el corazón del aula
Compartir:

Hace años, cuando inicié mi camino en la docencia, entrar a un salón de clases era una experiencia que se respiraba con solemnidad. Recuerdo con claridad cómo, al cruzar la puerta, el grupo se ponía de pie al unísono para saludar. No era un acto de sumisión, sino un símbolo de respeto mutuo que marcaba el inicio de una jornada de aprendizaje. Era un lenguaje común que nos permitía trabajar en armonía.

Sin embargo, hoy el panorama en las aulas ha cambiado profundamente. Los docentes nos encontramos navegando en aguas complejas, donde la balanza entre los derechos y las obligaciones parece haberse inclinado de forma que, a veces, entorpece la formación del estudiante.

Día a día, batallamos no necesariamente contra la rebeldía, sino contra factores externos que han vuelto la disciplina un terreno frágil. Hoy, dedicar tiempo a la enseñanza académica es un reto, pues gran parte de nuestra energía se consume diseñando estrategias para mantener el orden sin que nuestras acciones sean malinterpretadas. En ocasiones, el temor a ser señalados como “antipedagógicos” o a enfrentar procesos legales por el simple hecho de establecer una consecuencia limita nuestra capacidad de guiar.

Me pregunto a menudo: ¿en qué momento decidimos que los valores como el respeto o la cortesía pasaron de moda? A veces, al intentar fomentar dinámicas básicas de orden, nos encontramos con la narrativa de que estamos “obligando” al alumno a algo que “no le nace”. Pero la educación, en su esencia, es el hábito de hacer lo correcto incluso cuando es difícil.

Lo que más me inquieta en esta travesía es sentir que el docente y la familia, que deberían ser un solo equipo, a veces parecen estar en bandos opuestos. Cuando un límite puesto en el colegio se encuentra con un reclamo o una justificación externa, quien pierde no es el maestro, es el estudiante. Se le priva de la valiosa oportunidad de entender que vivir en sociedad requiere respetar normas.

Escribo estas líneas no como una queja, sino como una invitación a recordar que el aula es un reflejo de la vida. Mi mayor anhelo es que volvamos a mirar al estudiante como nuestro proyecto común. Que el respeto no sea visto como algo del pasado, sino como el puente que nos permita, a docentes y padres, caminar juntos por el bien de lo más importante que tenemos: sus hijos.

Como comunidad educativa, me gustaría preguntarles: ¿cuál es ese valor fundamental que consideran indispensable que rescatemos hoy para el futuro de nuestros niños y jóvenes?

¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH

Compartir:
Relacionados
Imagen: El Spiderman que nos merecemos
Hace 1 días
Imagen: 2028: Gubernatura y Elección Judicial
Hace 1 días
Imagen: ¡¡¡Vamos, México!!!
Hace 1 días
Imagen: El juego que trasciende la cancha
Hace 1 días
Se dice
/seDiceGift.png
Especiales Criterio
/transformacion.jpeg
Suscribete
/suscribete.jpg

© Copyright 2026, Derechos reservados | Grupo Criterio | Política de privacidad

logo
HOLA Y BIENVENIDO
Suscríbete y así estarás apoyando a crear contenido de calidad
SUSCRÍBETE
Cerrar sesión