La mañana de ayer, el presidente electo de Estados Unidos de Norteamérica (EU), Donald Trump, salió con otra de sus chistosadas que de inmediato se hizo viral: cambiar el nombre del Golfo de México por el de Golfo de América.

La mañana de ayer, el presidente electo de Estados Unidos de Norteamérica (EU), Donald Trump, salió con otra de sus chistosadas que de inmediato se hizo viral: cambiar el nombre del Golfo de México por el de Golfo de América.
Según el próximo mandatario de EU, quien reingresará a la Casa Blanca en 12 días, el 20 de enero, suena “hermoso” denominar Golfo de América a ese espacio de agua y tierra, pues, afirma, ellos, los norteamericanos, hacen “gran parte del trabajo”. También asegura que así sería una forma de presionar a México a que evite el flujo de migrantes hacia EU.
La locura de Trump no solo tiene fines de nomenclatura, sino que este espacio ha sido siempre conocido por poseer grandes reservas de petróleo, mismas que, ya comentó el presidente electo, buscarán explotar durante su administración, que comienza en 12 días.
Sin embargo, vale la pena volver el tiempo atrás, pues por algo se llama Golfo de México. Aunque no hay un registro oficial de cuándo se empezó a llamar Golfo de México, se conoce que durante el Virreinato de la Nueva España —que duró casi 300 años, de 1521 a 1821— a esa área de la geografía se le conocía como “Seno Mejicano o Seno Mexicano”. Más tarde, una vez consumada la Independencia de México y antes de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo —por el que nuestro país cedió gran parte de su territorio a EU porque así lo convino el presidente Antonio López de Santa Anna—, en mapas de esas fechas, se puede apreciar que México ocupaba gran parte de la costa del golfo (como consta en la imagen que se anexa), por lo que puede ser de ahí que así se llamara a ese espacio.

Las ideas del presidente electo de EU solo buscan hacer ruido. Históricamente, ese espacio de nuestra geografía y de la geografía norteamericana se ha llamado así y no hay forma de que impulse buscar el cambio de nombre. Es una región rica en biodiversidad y que concentra gran parte de la población de México. En cuanto a extensión territorial, tiene participación de cinco de los 32 estados de nuestro país: Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán, siendo de estos su único acceso al lecho marino, de donde se sostienen en la mayoría de sus casos, por la explotación de las diversas actividades.
En tanto, del lado norteamericano los estados que tienen acceso al Golfo de México son Texas, que ocupa la mayor parte, debido a su extensión territorial; Luisiana, Misisipi, Alabama y, por su puesto, Florida, que se destaca por su península que parece ser un diente.
Aunque la declaración de Trump busca impactar en el nacionalismo de los mexicanos, se trata solo de disparates del próximo presidente de los EU. Debería incluso preocuparnos más los aranceles que se impongan, que están impactando ya a la economía, pues en pocos días se prevé que el dólar sea menos asequible para los mexicanos, que varios migrantes de este país se vean en peligro de volver a su nación de origen y el aumento en productos de origen chino.
Veremos, entonces, cómo el gobierno que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum se defiende de los ataques que emita la administración trumpista. Esperemos que la reacción de la primera presidenta morenista y de su gabinete diplomático sea ecuánime y siempre en defensa del nacionalismo mexicano. Mientras tanto, a quienes no podemos hacer algo contra las ideas del próximo presidente gringo, no nos queda de otra más que cruzar los brazos y ver cómo se diluyen sus disparates.
SU CINTO: Dicen que más pronto cae un mentiroso que un cojo, y así pasó con las cabalgatas de reyes organizadas por el gobierno de Hidalgo, que volvieron tras dos años de ausencia. Hay que recordar que al inicio de la actual administración estatal se dijo que no se llevarían a cabo dichas actividades, por onerosas, pero tras dos años el gobierno estatal determinó realizarlas de nuevo, muy a pesar de sus principios de “austeridad”, a los que no pudo mantenerse apegado. Además, el desfile parecía más una reverencia para el titular del Poder Ejecutivo del estado que para el disfrute de los pequeños, a quienes dejaban esperando hasta por una hora en medio del frío a que pasara la caravana. En fin, echando a perder se aprende.