Cuando se habla del acceso del cuidador en los hospitales, la pregunta surge de manera natural: ¿un derecho operativo o una buena intención?

El reconocimiento de los cuidados como un derecho humano emergente impulsa una transformación conceptual y normativa sobre cómo los sistemas de salud deben garantizar no solo la atención médica, sino el soporte social y emocional que acompaña a la persona paciente. Este enfoque está ganando terreno en México y en el estado Hidalgo, donde recientemente se ha incorporado el derecho al cuidado en el marco legal estatal, avanzando hacia una política pública que responsabiliza al Estado de garantizar la provisión de cuidados en condiciones dignas y equitativas.
Tradicionalmente, las políticas de salud han entendido al paciente como sujeto exclusivo de obligaciones estatales. Sin embargo, el reconocimiento del derecho humano al cuidado implica un giro sustantivo: las necesidades de cuidado y quienes las proveen (cuidadoras y cuidadores) se colocan ahora como sujetos de derechos. Este reconocimiento trasciende la atención clínica y aborda la dimensión social, económica y relacional del cuidado.
En Hidalgo, apenas se ha reconocido que cuidar es tanto un derecho como una responsabilidad colectiva del Estado, la sociedad y las familias. Este reconocimiento coloca al cuidado en el centro de la política pública con una visión integral del ciclo de vida, incluyendo a personas mayores, infancia, personas con discapacidad y a quienes realizan labores de cuidado.
Cuando se habla del acceso del cuidador en los hospitales, la pregunta surge de manera natural: ¿un derecho operativo o una buena intención?
Si bien las reformas legales son un avance, la operacionalización del derecho de acceso al cuidador en hospitales públicos del estado Hidalgo enfrenta múltiples retos prácticos y conceptuales. En la práctica cotidiana de las unidades de salud, las políticas de acompañamiento y visita suelen estar condicionadas por criterios clínicos y administrativos que no siempre consideran las necesidades reales de las personas y sus cuidadores.
En muchas instituciones de salud (aun fuera de Hidalgo), las políticas de acompañamiento se limitan a permitir visitas bajo reglas estrictas y con restricciones que difícilmente se alinean con una lógica de derechos humanos. Por ejemplo, en algunos hospitales se restringe la presencia de acompañantes a horarios reducidos o a espacios específicos, con criterios de bioseguridad que no siempre responden a evidencias clínicas claras.
Esta situación genera una tensión entre la gestión hospitalaria centrada en la eficiencia operativa y la garantía de derechos básicos como la dignidad humana y la corresponsabilidad en el cuidado. En este contexto, limitar el acceso de los cuidadores puede vulnerar no solo la dignidad del paciente, sino también la del cuidador mismo, quien muchas veces realiza trabajo no remunerado esencial para la recuperación o el bienestar del paciente.
La Ley para Prevenir, Atender, Sancionar y Eliminar la Discriminación del Estado de Hidalgo prohíbe explícitamente la limitación o condicionamiento de servicios de atención médica que puede implicar restringir la participación de personas en decisiones o procesos de atención, lo cual tiene implicaciones directas para los cuidadores familiares.
Desde una perspectiva de derechos humanos, negar o restringir el acceso de cuidadores puede constituir una forma indirecta de discriminación, especialmente cuando se trata de personas en situación de mayor vulnerabilidad, como personas adultas mayores, con discapacidad o en condiciones de dependencia. Aunque estas normas no establezcan de forma directa “el derecho al cuidador”, sí enmarcan un contexto jurídico que exige respeto a la dignidad, igualdad y acceso equitativo a los servicios de salud.
Más allá de la normativa, la efectividad del derecho de acceso al cuidador depende de la articulación de políticas públicas concretas que transformen la visión asistencialista de los hospitales. Las reformas recientes en Hidalgo, al reconocer el derecho al cuidado como un eje estructural del bienestar, sientan las bases de una estrategia integral que debe reflejarse, en protocolos hospitalarios que reconozcan al cuidador como parte del equipo de atención, con capacitación básica, derechos de acceso y espacios adecuados de acompañamiento.
Capacitación del personal sanitario en enfoques de derechos humanos y cuidado familiar, para que las decisiones clínicas y administrativas consideren la importancia del acompañamiento para la recuperación y bienestar del paciente.
Garantías de no discriminación y accesibilidad, de modo que los cuidadores no enfrenten barreras arbitrarias o subjetivas para ingresar y permanecer con la persona paciente.
Evaluación y monitoreo del cumplimiento de estas prácticas en las unidades médicas, con mecanismos claros de supervisión y rendición de cuentas.
Estas medidas, sin ser exhaustivas, ponen en evidencia que el derecho de acceso al cuidador no puede relegarse a una simple política de visitas, sino que debe ser parte de un enfoque integral que reconozca que la atención de la salud es una experiencia relacional y social.
Hay una brecha significativa entre la normativa emergente y la realidad operativa de los hospitales. La sobrecarga de servicios, la falta de infraestructura y la carencia de recursos humanos son realidades palpables en muchas unidades de salud públicas en Hidalgo. Estas condiciones pueden llevar a que las políticas de acceso al cuidador se interpreten de forma restrictiva, bajo el argumento de proteger la operatividad del servicio.
No obstante, proteger la eficiencia no puede justificar la vulneración sistemática de derechos, especialmente cuando existen estándares internacionales y nacionales que enfatizan la dignidad y la integralidad de la atención sanitaria, con enfoque en los derechos humanos.
La crítica central es que, si bien el reconocimiento legal es un paso fundamental, su implementación efectiva exige un cambio cultural profundo en la administración hospitalaria, que trascienda la lógica curativa para incorporar un modelo de atención centrado en las personas y sus redes de apoyo.
El derecho de acceso al cuidador en los hospitales del estado Hidalgo emerge como una cuestión de justicia social y derechos humanos en plena construcción normativa. La legislación local ha avanzado al reconocer el cuidado como un derecho humano fundamental, pero la traducción de este reconocimiento en prácticas hospitalarias concretas aún enfrenta desafíos considerables.
Garantizar este derecho implica no solo permitir la presencia física de los cuidadores, sino reconfigurar la atención sanitaria en torno a principios de dignidad, no discriminación y corresponsabilidad social. El reto de Hidalgo, como el de muchos estados, es hacer que las leyes cobren vida en la experiencia cotidiana de pacientes y cuidadores, garantizando que el acceso al cuidado sea efectivo, respetuoso y verdaderamente humano.
¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH