Imagen: José Raquel Badillo Medécigo
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Hace (15) meses

El Congreso y la parábola del café

Es válido buscar espacios más adecuados para los legisladores, pero no debe perderse de vista el verdadero propósito del Congreso: generar normativas justas y eficaces que beneficien a la ciudadanía.

Imagen: El Congreso y la parábola del café

José Raquel Badillo

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“Lo superfluo se vuelve lo más importante cuando se olvida lo esencial”
Yvon Chouinard

Leí hace algunos años una parábola muy ilustrativa y curiosamente hoy podría aplicarse a la LXVI legislatura del H. Congreso del estado.

He aquí la parábola: Un maestro invitó a sus alumnos a su casa para tomar café. En la mesa había una gran variedad de tazas: algunas de porcelana fina, otras de cerámica común, unas de cristal delicado y otras de plástico barato.

Los estudiantes se sirvieron café, cada uno eligiendo la taza que le pareció más atractiva. Una vez que todos tuvieron su bebida, el maestro les dijo:

“¿Se dieron cuenta de que todos escogieron las tazas más bonitas y dejaron las más sencillas? Es normal que quieran lo mejor para ustedes, pero esa es la fuente de muchos problemas en la vida. Lo que realmente querían era el café, no la taza, pero inconscientemente eligieron las mejores tazas y hasta compararon sus elecciones con las de los demás.”

Mucho se ha difundido la idea que “urge” construir un recinto legislativo, argumentando que sale casi igual hacer uno nuevo que darle el mantenimiento requerido.

Quizás haya fundamentos válidos detrás de esta afirmación, pero, hasta donde tengo conocimiento, no se ha presentado un peritaje técnico realizado por expertos en la materia que respalde esta postura.

Existen múltiples ejemplos de edificios públicos que han sido renovados con éxito. Un caso relevante es el llamado edificio Naranja, que alberga oficinas de la SEPH. Este inmueble de muchas décadas, en su apogeo, fue un internado escolar llamado Hijos del Ejército. En la época del profesor Manuel Arellano Zavaleta la reclamó legalmente para que formara parte de lo que hoy es la SEPH.

En la época de Murillo, Omar Fayad remodeló dicho edificio; sorprendió que las puertas, ventanas, protecciones y la losa las mantuvieron, cambiaron el piso y el aplanado exterior.

El techo lo impermeabilizaron. No se supo si fue por ahorrar recursos económicos o bien para reportarlo como si lo hubieran demolido y vuelto a construir. La cuestión que hoy en día aun ese edificio está vigente.

Se argumenta que el edificio parlamentario tiene filtraciones y no soportaría el peso de una losa por su débil cimentación. Ese problema no es problema. No necesariamente se debe de poner una lápida, hay alternativas más ligeras que solucionarían la problemática expuesta.

Como bien dijo Dwight D. Eisenhower: “No todo lo urgente es importante, ni todo lo importante es urgente”. Las declaraciones del Diputado Andrés Velázquez deben de ir respaldadas por eruditos en la materia. Para creer que demolerlo o hacerle las reparaciones necesarias salen casi al mismo costo.

DICE RACHY: Si hacemos una parodia de la parábola inicial, podemos concluir que lo que la sociedad realmente anhela son mejores leyes y no un edificio nuevo. Las leyes son el café; el recinto legislativo es solo la taza.

Es válido buscar espacios más adecuados para los legisladores, pero no debe perderse de vista el verdadero propósito del Congreso: generar normativas justas y eficaces que beneficien a la ciudadanía.

Antes de tomar decisiones costosas e irreversibles, los legisladores deberían preguntarse si están priorizando la taza o el café.

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