En el tema de la incorporación de expriistas a las filas del partido en el poder, el debate no debería centrarse únicamente en el cambio de camiseta, sino en el hecho de que estos recién llegados aterrizan en cargos codiciados, desplazando a militantes morenistas que han construido el movimiento desde sus cimientos.

En el tema de la incorporación de expriistas a las filas del partido en el poder, el debate no debería centrarse únicamente en el cambio de camiseta, sino en el hecho de que estos recién llegados aterrizan en cargos codiciados, desplazando a militantes morenistas que han construido el movimiento desde sus cimientos.
Primera analogía. Con mucho esfuerzo los morenistas hornearon un pastel, batallaron para reunir los ingredientes, soportaron el calor del horno político y cuidaron que no se les quemara en el proceso. Justo cuando el pastel estaba listo para servirse, apareció un invitado de última hora y, sin más, se apropió de la rebanada con la cereza. Eso sí, muy sonriente, al agradecerles por el rico pastel se dirigió a ellos como compañeros de lucha…
Segunda analogía. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se justificó la contratación de médicos cubanos con el argumento de que cubrirían zonas rurales donde los doctores mexicanos no querían trabajar. Hasta ahí, la lógica parecía razonable. Sin embargo, pronto supimos que a la federación le costaba 180 mil pesos mensuales por cada galeno extranjero. ¿Cómo justificar que se pague casi 200 mil pesos por un médico foráneo, mientras nuestros médicos nacionales reciben salarios ínfimos por realizar la misma labor? Y lo más grave: muchos de estos doctores cubanos no fueron enviados a zonas marginadas, sino a regiones como Metztitlán. ¿Dónde quedó la convocatoria para nuestros médicos? Y declararla desierta —puesto que los nuestros se negaban a trabajar en esos lugares—. ¿Por qué no se mejoró la oferta para que médicos mexicanos pudieran cubrir esas plazas? Seguramente, como en tantos otros casos, el presidente tenía “otros datos”.
Los galenos mexicanos fueron relegados y privilegiaron a quienes venían de fuera en todos los sentidos. Para los recién llegados todas las concesiones, para los connacionales muchos regateos.
Tercera analogía. Escuché parte de una entrevista a Onésimo Serrano, quien ahora tendrá como misión evangelizar a favor de Morena. El mismo Onésimo que alguna vez fue un aguerrido priista. Esto me recuerda otro episodio: AMLO, en 2006 y 2012, trazó una línea clara para deslindarse de Elba Esther Gordillo. Pero en 2018, ella estando en prisión le ofreció nuevamente su apoyo.
AMLO aceptó en su campaña a los operadores políticos de Gordillo.
¿Realmente necesitaba López Obrador la estructura de Gordillo para ganar? Es decir, Si Gordillo no operaba a favor de AMLO, ¿este no hubiese triunfado?
Cuarta analogía. —Parece chiste, pero no lo es tanto—: en una familia de panaderos afroamericanos, el padre tropieza y revienta un costal de harina sobre su hijo menor, quien queda completamente blanco por la harina. Todos los que están presentes se ríen del pequeño, el niño se incorpora, indignado, y grita: “¡No llevo ni cinco minutos de ser blanco y ya los negros me caen mal!”
Habrá que estar atentos a las declaraciones de Valera u Onésimo, ver quien exclama primero: “No llevo ni dos años en Morena… y ya los priistas me caen mal”.
DICE RACHY: Algunos han querido descalificar el trabajo del gobernador Julio Menchaca Salazar, argumentando su pasado priista. No obstante, hay una diferencia sustancial: Menchaca renunció al PRI cuando este partido todavía ostentaba el poder, tanto en el estado como a nivel federal. Su salida fue un acto de convicción política, no de conveniencia. No puede compararse con quienes, al ver que el barco tricolor se hundía, buscaron subirse a la lancha salvavidas morenista.
Hay que dejar en claro que en la política no es lo mismo saltar por convicción que brincar por interés.