No se trata de estigmatizar, pero es imposible ignorar la disparidad: mientras nuestros padres o abuelos construyeron desde cero con tortillas y frijoles, hay quien hoy simplemente llega, se instala… “se asesora” y exige derechos.

José Raquel Badillo
Viajemos unas décadas al pasado, cuando la icónica agrupación Los Bukis lanzó una canción que, sin proponérselo del todo, se convirtió en un grito de protesta:
“Qué triste / Se oye la lluvia / En los techos de cartón / Qué triste / Vive mi gente / En las casas de cartón…”
Con esa letra cruda y directa, se pintaba la realidad de miles de familias en situación precaria. Si uno escucha con atención, bien podría pensar que la inspiración surgió de lugares como la colonia La Raza en Pachuca. A mediados de los años 70, esa zona no era más que un cerro pelón, azotado por el viento y olvidado por las autoridades.
A más de 40 años de distancia, la colonia La Raza ha ganado servicios básicos como transporte y pavimentación, pero aún persisten vestigios de aquellas primeras viviendas de autoconstrucción, hechas con tablas, láminas y cartón. ¿Quiénes fueron los valientes que se asentaron ahí? Gente humilde proveniente de la Huasteca hidalguense y de la Sierra de Puebla, dispuesta a enfrentar las inclemencias con tal de tener un lugar propio al que llamar hogar. Lo mismo ocurrió en otras colonias como La Loma, donde los vecinos, además, compraron el terreno. Ellos construyeron con esfuerzo, sin luz ni agua, con la esperanza de un futuro mejor.
Este antecedente cobra especial relevancia a la luz del caso reciente que ha cimbrado a la opinión pública: una mujer septuagenaria, Carlota, quien acabó con la vida de dos personas que se negaban a devolverle su casa. El caso ha generado controversia. Algunos la ven como victimaria, otros como víctima de un sistema que protege más al que posee que al que es legalmente dueño. Lo cierto es que, si las autoridades y los legisladores no toman cartas en este tipo de disputas, los conflictos por la tenencia de viviendas seguirán resolviéndose por la vía de la violencia.
En colonias de Pachuca y Tizayuca abundan los casos de propiedad en disputa. Una mujer rentó su casa a una conocida y, tras concluir el contrato, se la devolvieron, regresó semanas después a hacerles algunas mejoras y para su sorpresa encontró su vivienda ocupada por jóvenes sudamericanos. Al cuestionarlos, le dijeron que “alguien” se las había rentado. No se trata de estigmatizar, pero es imposible ignorar la disparidad: mientras nuestros padres o abuelos construyeron desde cero con tortillas y frijoles, hay quien hoy simplemente llega, se instala… “se asesora” y exige derechos.
DICE RACHY: Pareciera que la ley da más concesiones a quienes la infringen, pues da garantías a quien tiene la posesión.
Las casas de cartón están en extinción… ¡Es más cómodo y barato llegar a una colonia urbanizada y apropiarse de una vivienda!
Si no se atiende, será más cómodo invadir que construir. Y no lo digo con sarcasmo, lo digo con tristeza…