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Cuando la seguridad toca al motor de la comunidad

En esta región del Valle del Mezquital, el turismo de balnearios no es solo un negocio o una atracción de fin de semana; es el verdadero motor económico que da de comer a cientos de familias.

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Hablar de Ixmiquilpan es hablar del esfuerzo de su gente. En esta región del Valle del Mezquital, el turismo de balnearios no es solo un negocio o una atracción de fin de semana; es el verdadero motor económico que da de comer a cientos de familias. Es un proyecto social que se ha levantado a base de trabajo comunitario, asambleas y constancia. Por eso, cuando la tranquilidad de estos centros se ve sacudida por la delincuencia, el golpe no lo recibe una empresa lejana: lo sentimos todos en carne propia.

La semana pasada, Criterio Hidalgo dio puntual cobertura a una serie de acontecimientos que encendieron las alarmas en el parque acuático Dios Padre. Lo que en un principio se reportó como un robo en las instalaciones, terminó revelando una realidad mucho más cruda y preocupante: la noche del jueves de la semana pasada, el tesorero del lugar sufrió un secuestro exprés tras ser interceptado en su motocicleta, una agresión armada que dejó además a un trabajador lesionado y que culminó con el robo a la caja fuerte del centro turístico, de donde se llevaron una cantidad millonaria.

La respuesta inicial de la administración del parque fue de total prudencia. A través de los comunicados difundidos por este medio, informaron que decidieron no dar más declaraciones para evitar especulaciones, dejar trabajar a la ley y, sobre todo, garantizar que el balneario siguiera operando de forma habitual. Es una postura madura porque, en un municipio que vive del turismo, mantener las puertas abiertas es vital para que el sustento de los trabajadores no se vaya a pique. Sin embargo, el silencio institucional no pudo contener la indignación colectiva.

La verdadera temperatura de lo que pasa en Ixmiquilpan se mide en la calle, con la gente. La cobertura de Criterio puso el dedo en la llaga al mostrar que la comunidad y los socios del balneario no se quedaron cruzados de brazos. Al día siguiente, la noche del viernes de la semana pasada, el hartazgo social se desbordó a las afueras del Centro de Servicios Integrales de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH). Lo que comenzó como una protesta pacífica escaló rápidamente debido a lo que los inconformes calificaron como inconsistencias y falta de respuestas claras por parte de las autoridades encargadas de la investigación.

El reclamo no se quedó en palabras: los manifestantes bloquearon dos carriles de la carretera federal México-Laredo y prendieron fuego a llantas como una medida desesperada para ser escuchados, antes de trasladar su exigencia directamente a la capital del estado. Las pancartas que portaban los vecinos lo decían todo sin necesidad de intermediarios: “Balneario Dios Padre exige justicia”, “No más delincuencia en Ixmiquilpan” y un mensaje directo a las autoridades: “Exigimos seguridad, señor presidente”.

Este escenario obliga a reflexionar a ras de suelo, sin tecnicismos legales ni discursos políticos adornados. El reclamo ciudadano lleva dedicatoria y también una exigencia muy clara para el alcalde de Ixmiquilpan, Emanuel Hernández Pascual, conocido popularmente como el Chino. La ciudadanía y los trabajadores del turismo le están mandando un mensaje contundente tanto al gobierno municipal de Morena como al gobierno estatal: ya no bastan los pronunciamientos de oficina, las promesas de campaña ni las mesas de diálogo que no llevan a nada; se necesitan hechos, investigaciones efectivas y resultados contundentes.

Cuando se atenta contra los administradores de un balneario en esta zona, se está vulnerando la estabilidad de todo el municipio. Aquí el patrimonio se defiende en bloque porque todos se conocen. Si la gente que trabaja y genera empleo siente que tiene que salir a la carretera a quemar neumáticos para que la autoridad le haga caso.

Ixmiquilpan tiene todo para seguir siendo el gigante turístico de nuestra región, pero para que el motor no se detenga por el miedo, se necesita certeza. Las autoridades tienen la obligación urgente de dar respuestas transparentes y capturar a los responsables. La tranquilidad de las familias hidalguenses y de quienes nos visitan no debería ser una moneda al aire, sino la garantía diaria para poder trabajar en paz.

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