Por más de 100 años la comunidad de San Nicolás había guardado en secreto una práctica en la que participan todos sus habitantes y que tiene como objetivo venerar al santo patrono, San Nicolás Tolentino.

Por más de 100 años la comunidad de San Nicolás había guardado en secreto una práctica en la que participan todos sus habitantes y que tiene como objetivo venerar al santo patrono, San Nicolás Tolentino.
Cada año los mayordomos que son elegidos meticulosamente por la comunidad inician con el ahorro para cuando se llega la fecha para el gran festejo.
Por supuesto que no están solos, porque los vecinos se cooperan para esta celebración que comienza en julio, cuando los mayordomos reciben en su casa al santo patrono y a las molenderas y molenderos del cacao.
Este es un singular ritual que se lleva a cabo durante siete fines de semana con una fiesta en la que un grupo de mujeres y hombres participa activamente en la molienda, pero otros tuestan el cacao y lo descascaran, convierten en polvo las yemas de huevo cocidas, deshacen los polvorones y en palanganas ya tienen listos los ingredientes para iniciar la molienda.
Es indispensable la bendición de los instrumentos para la molienda, así que muy temprano llegan a la iglesia para ofrecer la actividad a San Nicolasito, como gentilmente le llaman.
Una vez benditos, en procesión se encaminan a la casa del mayordomo, que ya les tiene preparada una lona especial donde se coloca lo necesario para iniciar este ritual centenario.
Se reza una vez más el novenario y ahora sí ya todo está listo para la molienda. Los hombres entran en fila cargando los metates, pesadas piedras, la herramienta que dará forma a las tabletas de chocolate, ingrediente principal para celebrar la fiesta patronal. Y ahí comienza la magia, acompañada de música de un trío.
Una a una las mujeres colocan un pequeño cojín y se arrodillan para iniciar la tradicional molienda.
En su mayoría son mujeres mayores, algunas han molido el chocolate por más de 60 años como Agripina que, con 72 años, aún tiene la fuerza y la energía suficiente para entrarle a la molienda que no es cosa fácil.
Y a pesar de que esta es una tradición muy respetada y espiritual, en esta ocasión hubo una variante que nos enseña que los tiempos ya cambiaron.
Son ahora los jóvenes quienes decidieron participar e hincarse a mover la mano del metate para preparar las tabletas de chocolate, lo que demuestra que hay un cambio generacional y que los chavos hñähñüs están dispuestos a defender sus tradiciones, cómo chingados no.
Es fascinante la molienda.
Mujeres y hombres parece que se pusieron de acuerdo y todos bien coordinados comienzan a moler la canela, luego el cacao y los demás ingredientes.
Es tal la comunión de los habitantes de San Nicolás que sin mediar palabra mueven rítmicamente la mano del metate.
Pero eso sí, una vez que empiezan a moler ya no pueden parar, porque el metate se enfría y no queda bien el chocolate.
Así que a darle.
Los más jóvenes parecen desfallecer, las mujeres mayores ni se inmutan y continúan con su rítmica molienda.
En esta tradición además de la participación de todos los vecinos, hay una importante aportación de los paisanos que desde Estados Unidos envían sus dólares para ayudar en la organización de la fiesta.
Y es que la música, el manteado, el agua para los visitantes, los refrescos, los cohetones y la comida representa un fuerte gasto que las familias de los mayordomos están dispuestas a enfrentar, todo por tener el honor de recibir en casa a San Nicolasito y a las molenderas.
Y ahí bajo la mirada vigilante del santo patrono, molenderas y molenderos terminan preparando las tabletas de chocolate que se utilizarán en septiembre para preparar tamales y atole para repartir a quienes asisten a la fiesta en honor a San Nicolás Tolentino. Espero sus comentarios.