Hagamos algo de historia sobre la glorieta “24 Horas”. Hace casi 50 años, el arquitecto Guillermo Rossell de la Lama, construyó el “Parián”, con 84 minilocales, para vender ahí, en esa plaza, artesanías o gastronomía regional

José Raquel Badillo Medécigo
Hagamos algo de historia sobre la glorieta “24 Horas”. Hace casi 50 años, el arquitecto Guillermo Rossell de la Lama, construyó el “Parián”, con 84 minilocales, para vender ahí, en esa plaza, artesanías o gastronomía regional. Ya había techado el Río de las Avenidas, el cual se convirtió en una principal arteria vehicular.
José López Portillo vendría a inaugurar dicho Parián, pero el crucero bulevar Felipe Ángeles, intersección con lo que hoy es bulevar Colosio, era un punto caótico para los automovilistas al virar 90 grados en contraflujo. López Portillo tenía que pasar por ese punto obligadamente, ya que su recorrido sería del aeropuerto Guillermo Villasana a la calle Arizpe y Río de las Avenidas.
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Rossell, en casi 24 horas, solucionó la problemática, de ahí viene el sobrenombre de la glorieta Miguel Hidalgo.
Guillermo Rossell terminó su sexenio y llegó a la gubernatura Adolfo Lugo Verduzco, quien en su campaña pregonó hasta el hartazgo: “Haré un Hidalgo grande” —Creo que fue su eslogan de campaña—.
Lo que nunca imaginamos los hidalguenses fue que la promesa de hacer un Hidalgo grande era con una escultura que fue colocada a ras de tierra en el centro de la glorieta —¡Compromiso cumplido!—.
Con el paso de los años, se hizo el bulevar Colosio y el gobernador Jesús Murillo construyó el puente que permitía atravesar la glorieta para quienes viajaban sobre el bulevar Felipe Ángeles.
El caos empezó a sentirse en otros sexenios, pues quisieron controlar el tránsito por medio de semáforos. Fue una inversión millonaria, que a los pocos años se fue a la basura por su inoperancia y volvieron a rediseñar nuevamente la glorieta Hidalgo o 24 Horas.
El gobierno de Omar Fayad puso en marcha el puente “atarantado”; esta obra fue emblemática por su alto costo e ineficacia.
Hoy, el gobierno de Julio Menchaca Salazar, a través de la Sipdus, vuelve a modificar la glorieta con un acierto inobjetable, porque la gran construcción no da margen a muchas adecuaciones.
Se debe reconocer al actual gobierno, que por primera ocasión ha pensado en la seguridad de los peatones. Este detalle se convierte en la cereza del pastel: ¡Por primera vez en casi 50 años de modificaciones ponderan la seguridad de los transeúntes! ¡Enhorabuena!
Ser peatón en este rumbo era un deporte extremo, era tan arriesgado que hubo una anécdota muy ad hoc, pues muy cerca de ahí hay un colegio y aseguraban que lo más difícil que representaba para sus alumnos ¡era atravesar la calle!
Desde este espacio, quiero hacerles la siguiente propuesta: cambiarle el nombre oficial y, desde luego, también su sobrenombre: la glorieta ya no debería llamarse Miguel Hidalgo, sino “Glorieta de la Constitución Mexicana”, en honor a tantas adecuaciones que se le han hecho.
Tampoco puede llevar el sobrenombre de “24 Horas”, ya que desde su creación los gobiernos en turno le han puesto su granito de arena, así pues, lo correcto sería llamarle de hoy en adelante “Glorieta 50 años”, porque vislumbro que con las obras de este gobierno se cierra el ciclo de interminables adecuaciones.
Dice Rachy: Las boyas rimbombantes del carril confinado del Tuzobús representan molestias y generan menor fluidez. Como ciudadano, me hubiese gustado que, en vez de semejante erogación, ese presupuesto se hubiera aplicado en la capacitación de sus operadores. ¡La capacitación nunca está de más!
En Cdmx hubo un percance entre el Metrobús y un vehículo particular que invadió el carril. En las redes, comentaron que solamente por estar invadiendo el carril confinado, la pesada unidad se fue sobre el frágil vehículo.
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