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Hace (14) meses

Un funcionario tuerto

No se trataba de hacer a un lado a todos, pero, al menos, abrirle un espacio a quienes lucharon desde abajo, con hechos y no solo con discursos. A quienes creyeron que, con la llegada de AMLO, sus desvelos serían retribuidos. Pero, al parecer, en la política mexicana los ideales pueden prescribir…

Imagen: Un funcionario  tuerto

José Raquel Badillo

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¡Perder un ojo es una desgracia! Al intitular este artículo así, lo hago de manera descriptiva; jamás lo usaría de forma peyorativa o sarcástica.

Corría el año 2012. Seis años después de que “le robaron la elección” a Andrés Manuel López Obrador, la historia se repetía con un método distinto, pero el mismo efecto: el pueblo decepcionado, otra vez, por un proceso electoral cuestionado. Más tarde, supimos del financiamiento ilícito en la campaña de Enrique Peña Nieto, cortesía de Odebrecht y otras generosas empresas extranjeras.

Esta vez, el candidato derrotado no tomó la avenida Reforma como en 2006, pero muchos de sus seguidores sí salieron a protestar. Algunos incendiaron un camión; otros se enfrentaron a la Policía Federal. Para reprimirlos, la Policía Federal utilizó balas de goma, una de ellas impactando en el rostro de Julián Uriel Sandoval Díaz, un joven de 22 años que perdió el ojo derecho en aquella jornada.

La noticia causó conmoción. Días después, al salir del hospital, Julián Uriel declaró con estoicismo:

“Un ojo no es nada. Muchos seres humanos no tienen qué comer todos los días, los obreros tienen que ir a las fábricas agachando la cabeza para darle de comer a sus hijos, los campesinos pierden sus tierras y nadie hace nada” (El Siglo de Torreón).

Admiré su fortaleza. Un joven con ideales, marcado de por vida por la brutalidad del Estado.

Pasaron los años. Llegó el 2018 y, sorprendentemente, Peña Nieto reconoció la victoria de AMLO. Conforme se acercaba la toma de posesión, se filtraban nombres del futuro gabinete. Y yo esperaba, ingenuamente, que entre los muchos “cercanos colaboradores” de lo que sería la Cuarta Transformación hubiera al menos uno… tuerto.

Pero no.

No hubo un solo Julián Uriel en el gabinete. Ningún activista que realmente se la jugó en las calles, que arriesgó su integridad física y su vida. En cambio, sí hubo ex priistas reciclados, funcionarios de viejo cuño y hasta algunos que defendieron el sistema que tanto criticaron en campaña.

No se trataba de hacer a un lado a todos, pero, al menos, abrirle un espacio a quienes lucharon desde abajo, con hechos y no solo con discursos. A quienes creyeron que, con la llegada de AMLO, sus desvelos serían retribuidos. Pero, al parecer, en la política mexicana los ideales pueden prescribir…

DICE RACHY: Tal vez en Hidalgo no sea un caso tan paradójico como el de Julián Uriel… quizás exagero al suponer que en menos de cinco meses la Sedatu Valerá Piedras… En fin.

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