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A criterio deColumnasJorge Martínez López

Los culpables de Tula – Columna de Jorge Martínez López


El primer golpe de vista que percibe cualquiera al llegar a las calles de Tula es fuerte, porque el nervio óptico no lo digiere, solo lo manda al lugar donde se gestan las emociones y de forma inesperada se siente un dolorcillo agudo de impotencia, ante tanta desgracia.

Bien sabemos que la inundación originada por una fuerza de hasta 450 mil litros cúbicos por segundo, de ninguna manera se originó en lo local, la historia nos cuenta de esa serena irresponsabilidad de mandar toda el agua excedente a través del Río Tula.

Dean Chahin, un experto en materia hidrológica, cuenta de las risas y bromas que hacían los ingenieros de la Conagua poco antes de inaugurar el emisor Oriente, al citar que si llovía mucho en el Valle de México, lástima por Tula.

La construcción de un gran túnel de 62 kilómetros que se alargó por espacio de 11 años, tuvo un costo 33.8 mil millones de pesos y su máxima eficacia fue probada hace ocho días, porque impidió una gran inundación en la Ciudad de México y algunos municipios del estado de México, cosa que no sucedió con Tula que recibió toda esa agua.

Sin mucha ciencia, podríamos identificar que el origen de la desgracia comenzó con esa displicencia oficial de enviar el agua a otro lugar, cambiando grandes caudales a distintas cuencas sin un aprovechamiento de recarga de mantos o de utilización a partir de resumideros o jagueyes y represas.

Luego, viene el papel lamentable de la línea de mando de la Conagua, que nunca advirtió, mediante su permanente monitoreo los riesgos ya advertidos en distintas ocasiones. La emisión de sus habituales boletines del monitoreo, de ninguna manera advirtieron sobre alguna situación extraordinaria.

La confianza del personal de Protección Civil del gobierno estatal en ese tipo de comunicados y su consiguiente falta de oficio del titular permitió que nunca existiera una advertencia para las instancias municipales y para la población.

Resulta hasta increíble que un burócrata de Protección Civil, que se pasea en un Jeep de lujo y muchos letreros, valuado en 1 millón 350 mil pesos, y que tiene como gracia utilizar un lenguaje inventado que nadie entiende, ahora trate de disuadir su alta responsabilidad.

El valor de los daños es incuantificable, porque fueron muchos los años de trabajo perdido de comerciantes, profesionistas, prestadores de servicios, empleados, en fin, todos.

Resulta difícil digerir las imágenes de una ciudad devastada, algo que pudo no haber sucedido de haberse realizado la rectificación y recubierta de cemento del río Tula, al menos en los 25 kilómetros que cruzan la ciudad.

La aplicación de 1 mil 500 millones de pesos ya etiquetados para esa obra, fue una responsabilidad desechada por el entonces alcalde Gadoth Tapia, quien prefirió llevar la fiesta en paz antes que asumir su autoridad para arrancar los trabajos y con ello evitar esta desgracia.

Y así como él, la vileza de algunos políticos los ha llevado a buscar la alfombra de la desgracia ajena para pasear sus anhelos narcisistas y fotografiarse como benefactor, mientras que otros buscan afianzar el voto a partir de una despensa.

Por fortuna, la sociedad de Tula, está entera, está de pie y si ha aguantado miles de toneladas de contaminación sobre sus hombros, bien sabrá salir de esta, como también sabrá desechar a esos falsos redentores de la beneficencia.

NIMIEDADES: Existen videos muy explícitos que muestran quienes sustraen despensas amparados por la noche y que pronto serán públicos.

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