Lisboa, una ciudad que atrapa

La capital portuguesa está de moda entre los viajeros. Esto debido a su aire bohemio que se mezcla con la modernidad y que da como resultado una ecléctica urbe donde el tiempo se detiene para saborear una taza de café y los atardeceres cerca del Tajo.

Una excelente forma de conocer Lisboa es abordar el popular tranvía 28. El recorrido de este vagón amarillo es de casi 10 kilómetros, dura unos 40 minutos y comienza en el parque Martim Moniz, pasa por los barrios de Bairro Alto, Alfama, Chiado, Graça y finaliza en la estación Campo Ourique.

Tras ese paseo, hay varios lugares para ir a visitar en la ciudad. Uno de los barrios más tradicionales de la capital portuguesa es Chiado. Este núcleo literario de los años de la bohemia lisboeta de inicios del siglo XX destaca por sus numerosos comercios, cafeterías y teatros. Aquí se encuentra el famoso café A Brasileira, además de una de las librerías más antiguas del mundo: la Livraria Bertrand.

Si lo tuyo es la música, tienes que visitar Alfama, el barrio más antiguo de Lisboa, donde se puede escuchar el emblemático fado por doquier y saborear un plato de bacalao, una tradicional delicia del país. Después puedes recorrer el popular Barrio de la Baixa y admirar la Plaza del Comercio, construida en el sitio donde se encontraba el antiguo Palacio Real.

Por la tarde hay que dirigirse al mirador en Portas do Sol, donde se puede apreciar una de las vistas más impresionantes e icónicas de la ciudad.

Tampoco hay que perderse la panorámica desde el Mirador de Santa Lucia, que destaca por sus pintorescos azulejos, un sitio perfecto para admirar la belleza de este nostálgico puerto.

Ningún itinerario está completo sin una visita a la Torre de Belem, que se levanta junto a la ribera del Tajo como una de las principales atracciones de la ciudad. No hace muchos años era un baluarte defensivo aislado en mitad del río, mucho más caudaloso por el siglo XVI, e incluso llegó a hacer de prisión y aduana durante el reinado de Felipe II de España. En esa misma zona es casi obligatorio acudir al Monasterio de los Jéronimos de Belém.

Es justo en esta área donde encontrarás un rico manjar que no puedes dejar de probar, los famosos Pastéis de Belem, unos pastelillos de hojaldre y crema, bien vale la pena hacer la larga fila para poder disfrutarlos.

 

Estephany de la Cruz I Agencia Reforma

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