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Los premios sólo son apapachos


Juan Carlos García I Agencia Reforma

 

Estrella icónica, admirada y respetada, pero también duramente criticada y polarizadora de opiniones: Meryl Streep se toma con humor todos los comentarios alrededor de sus premios y no se clava en debates que no le competen.

A propósito de su postulación número 21, la actriz de 68 años reflexiona sobre lo que implica ser una de las favoritas de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidos.

“Bueno, he sido la más nominada, he celebrado que he ganado tres estatuillas, pero también he sido la que más ha perdido, pues no he obtenido todos los Oscar a los que he estado postulada. ¿Entonces qué debo hacer o decir?

“Lo tomo como es: un halago. Los premios están para hacerte sentir bien, para reconocerte, para encontrarte con tus colegas y amigos del gremio, para que te feliciten por unos instantes, pero ¿qué es más importante que un premio? Estar en paz conmigo misma”, expresa Streep en entrevista.

Gracias a su interpretación de Kay Graham en The post: Los oscuros secretos del pentágono, que coestelariza con Tom Hanks y que dirige Steven Spielberg, la actriz volvió a ser protagonista de las más importantes entregas de premios.

Pero ella insiste en que los Globos de Oro, los SAG Awards, los Emmys o los Tonys, los cuales ya ha ganado, son sólo un apapacho para su labor profesional.

“Aunque trabajé poco con un horario de oficina -creo que sólo en mi época escolar-, siento que los apapachos son necesarios de parte de un jefe para su empleado.

“Y en mi caso los premios son halagos, no lo veo en el sentido del ego, de decir: ‘¡Oh, qué grande eres!’, sino como un: ‘Adelante, sigue así y saldremos triunfadores todos’”, señala.

Protagonista de películas como Kramer contra Kramer, El diablo viste a la moda y Mamma mia!, Meryl Streep ha sido calificada por expertos como la mejor actriz de su generación y como un ícono de la industria.

Pese a todos los elogios que ha recibido y la cantidad de propuestas que le llegan para filmar por mes, afirma que ha aprendido a dar su justa dimensión a lo que se dice de ella.

“Recuerdo que cuando mi hija (Mamie Gummer) estaba en el colegio, sus compañeros le hacían burla cuando se enteraban de que no obtenía un papel o que no me daban un premio.

“Eso me hacía sentir muy incómoda, la actitud de ellos no me gustaba, pero me hizo entender que no se puede gobernar el comentario de un tercero. Así lo aprendió mi hija y así lo asimilé yo”.

Por eso, prefiere ver cada proyecto como una oportunidad de conocer más sobre un mundo real o ficticio, y su placer radica en encontrar historias valiosas para contar… Los premios, bueno, eso ya no le corresponde.

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