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Lanzará Bosé autobiografía

El cantante cuenta la dura relación que tuvo con su padre en El Hijo del Capitán Trueno


Acostumbrado desde niño a codearse con artistas, celebridades y altos cargos políticos, pudiera pensarse que en el caso de Miguel Bosé fue fácil y hasta natural llegar a los escenarios.

Todo lo contrario. Lo hizo marcado por una dura relación con su padre, el célebre torero Luis Miguel Dominguín, al lado de quien vivió momentos críticos en su niñez, especialmente durante un safari en África en 1966, cuando Bosé tenía 10 años.

Así lo narró el cantante en El Hijo del Capitán Trueno, autobiografía que publicará la próxima semana, con Espasa, de la cual se dio a conocer un extracto. Bosé, amante de la lectura desde pequeño, no era afín a montar a caballo, pescar o practicar tiro. Su padre, con el fin de inculcarle actividades “de hombres”, se lo llevó a Mozambique a esa edad para enseñarle a cazar elefantes y leones.

“Me han contado que lees mucho, ¿no es así?”, dijo su padre, según contó Bosé. “Sí, papá, me gusta mucho leer”.

“¿Y de dónde vienen todos esos libros?… De la librería del salón, ¿no?… ¿Sabes que está prohibido entrar en el salón?… ¿Sabes que leer tanto es malo?… ¿No te gusta más montar a caballo?”.

Esa situación provocó discrepancias entre Dominguín y la madre del ídolo, Lucía Bosé.

“Lucía, me han dicho que el niño lee, que lee mucho, sin parar, y que se queda hasta altas horas de la madrugada bajo las sábanas con una linterna, y que luego en clase se duerme”, se quejó el padre, a lo cual Lucía le preguntó que cuál era el problema.

“¡Maricón, Lucía, el niño va a ser maricón!… ¡Seguro!”, respondió.

Entre mosquitos y sanguijuelas, Bosé contrajo malaria en esas semanas de safari. Le picó un alacrán. Sufrió una herida en un ojo. Diarreas y vómitos eran cotidianos en él, pero su padre pretendía volverlo fuerte. Al niño le destrozó ver desangrarse a una elefanta. Reveló que al viajar pesaba entre 30 y 40 kilos y que regresó a Madrid pesando 15, en los huesos. Su madre se aterrorizó de verlo así y no quiso saber nada de Dominguín, quien le provocaba pánico, desprecio y frustración a su primogénito.

“Yo dormía y vomitaba, algunas veces sangre, y en una de esas, sentado mientras bebía, caí hacia atrás en convulsiones y quedé inerte, como muerto. Había entrado en coma. No sé cuánto tiempo quedé en aquel estado, nadie se acuerda bien. A mi familia debió de parecerle un siglo, a mí no más de diez minutos”, escribe el también actor acerca de cuándo pudo descansar del viaje, ya en su hogar.

Staff I Agencia Reforma

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