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Florece su legado Silvestre


Con el deceso de Flor Silvestre se va una de las grandes voces bravías e imponentes de la canción mexicana.

Antes de que el cine explotara su presencia y su estilo como interprete musical, éste ya había tenido grandes alcances gracias a la radio.

A finales de los 40, su nombre ya era conocido y, para la siguiente década, era llamada “El Alma de la Canción Ranchera”.

Por ello, la aparición en pantalla de quien fuera esposa de Antonio Aguilar por más de 45 años se dio casi de inmediato en forma estelar.

Curiosamente, fue un Aguilar, Luis, con quien tuvo su primer gran papel en Primero Soy Mexicano (1950) y volvieron a repetir en El Lobo Solitario (1952), antes de dar paso a posteriores galanes como Dagoberto Rodríguez, Fernando Casanova, Armando Silvestre y, quien sería su coprotagonista más significativo, Antonio, al que conocería de manera profesional a mediados de los 50.

En su historial destacan las comedias rancheras y de aventuras en donde los actores más recurrentes fueron los dos Aguilares, sólo que a finales de los 50 quedaría ligada más a uno.

En el 59 llegarían tres cintas importantes: El Hombre del Alazán, muy popular en el coloquialmente llamado “cine de balazos”; La Cucaracha, en la que canta junto a María Félix, y Pueblo en Armas.

Y 1961 sería especial para la actriz, al hacer un magnífico trabajo en Ánimas Trujano, segunda cinta mexicana nominada a los Premios de la Academia de Hollywood como Mejor Película en Lengua Extranjera y en la que que fue dirigida por Ismael Rodríguez.

A la par, Flor seguía cautivando en esas comedias que se entretejían con romances y canciones, pues estas últimas se le daban muy bien.

Las Tres Coquetonas, Luciano Romero, Juan Sin Miedo, La Trampa Mortal, Tres Muchachas de Jalisco, El Revólver Sangriento y El Rifle Implacable forman parte de sus aciertos sesenteros.

Luego se convertiría en pareja casi exclusiva del muy querido Tony Aguilar, con el que siguió hasta los 70 y parte de los 80 en filmes sobre corridos de caballos y personajes de la revolución.

Alma Llanera, Caballo Prieto Azabache, El Alazán y el Rosillo, Juan Colorado, El Ojo de Vidrio, Vuelve el Ojo de Vidrio, Simón Blanco, Valente Quintero, La Yegua Colorada, El Moro de Cumpas y Benjamín Argumedo destacan entre sus actuaciones

El binomio Aguilar-Silvestre gustó tanto que triunfó no sólo en cines, sino en los espectáculos musicales y ecuestres con los que se impuso dentro y fuera de México.

La guanajuatense se consumó como actriz y fue una de las estrellas pertenecientes a la Época de Oro del cine mexicano; cabalgó con Antonio hasta el final del camino de éste, en 2007, y su amor trascendió la pantalla, pues heredó una pasión a sus hijos y nietos, quienes ahora recorren escenarios en memoria de esos dos grandes del folclor mexicano.

Ángela y Leonardo, hijos de Pepe Aguilar, florecen en los escenarios, así como su abuela lo hizo hace más de 70 años, antes de convertirse en actriz, amazona del jaripeo… y amor eterno de Antonio Aguilar.

En 2012 fue sometida a una intervención para quitarle un tumor cancerígeno que tenía en el pulmón. Y el año pasado fue hospitalizada para practicarle un cateterismo de urgencia.

Ayer, la estrella de Guillermina Jiménez Chabolla (nombre real de la artista) se apagó a sus 90 años y, de acuerdo con información extraoficial, estuvo acompañada por sus hijos y nietos en su rancho El Soyate, en Zacatecas.

“La familia Aguilar agradece las muestras de cariño que siempre tuvieron para la señora Flor y les pedimos respeto y comprensión en este momento que están viviendo”, expresaron en un comunicado.

Marco Castillo I Agencia Reforma

Murió Flor Silvestre, actriz y cantante, esposa de Antonio Aguilar

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