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El canto de ‘El Gallo’: así fue la carrera de Valentín Elizalde

Él mismo era el primero en reconocer que no tenía una voz privilegiada, pero sabía que tenía algo más que ofrecerle a la gente


El apodo de Valentín Elizalde parecía acorde a su capacidad vocal: El Gallo. Lejos del embeleso del cenzontle y al otro extremo del jilguero, pero ¿al momento de bailar y celebrar, importa que solo haya cacaraqueo?

La respuesta se la daban los miles de fans que se empezaron a acumular en torno a su música. No, no importa.

El estilo de Valentín seguía los pasos del de su padre Everardo, “El Gallo Grande”. Cada una de sus palabras tenía un barniz extremadamente nasal, además de que el fraseo asemejaba al de una persona que recién acaba de despertar. Por si fuera poco, en los coros Valentín siempre columpiaba las vocales en un eco que pareciera interminable.

Él mismo era el primero en reconocer que no tenía una voz privilegiada, pero sabía que tenía algo más que ofrecerle a la gente. Y no estaba equivocado.

Sus primeras oportunidades vendrían de la mano de Juan Diego Cota, empresario de Sonora, quien buscaría la forma de meterlo en los bailes.

Valentín estuvo en la banda Hermanos Morales así como en La Banda Triguera de Ciudad Obregón, Sonora, hasta que después formó la Banda Guasaveña, con su primo “El Tano”.

Como era obvio, en sus primeras presentaciones no tuvo el éxito esperado. Apenas un puñado de personas lo acompañaban. Ganaba unos 400 pesos por cantar en cantinas. Sin embargo, no se rindió.

Ya en 1998 pudo grabar con Pedro Rivera, padre de Lupillo y Jenni, y poco a poco comenzó a ser más reconocido. La falta de calidad vocal la suplía su carisma, su entrega en el escenario y su humildad.

También jugó a su favor el romper con el estereotipo del cantante de regional. Atrás estaban quedando los intérpretes que no eran agraciados físicamente, para darle entrada a “sex symbols” como Alejandro Fernández, Bobby Pulido y el mismo Elizalde.

Si bien la música de Valentín empezó a hacer ruido de forma regional, con algunos narcocorridos, no fue hasta inicios de la década de los 2000 cuando se unió a Universal y su carrera despuntó de forma descomunal.

“El éxito lo estamos saboreando, lo estamos disfrutando y esperemos que nos dure mucho tiempo y que no sea sólo una llamarada de petate porque es difícil mantenerse, pero por ganas no va a quedar”, aseguró entonces Valentín, antes de una presentación en Guadalajara.

“Puede que haya personas que lo vean a uno y digan que es sólo un grupero, pero comprobamos que hay gente a la que le gusta nuestra música, aunque sea uno desparpajado, que cante feo, aunque sea lo que sea, la gente nos sigue”.

Cada que el intérprete de temas como “La Playa”, “Pávido Návido” y “Vete Ya” subía al escenario, era la locura.

En Guadalajara llenaba cualquier sitio en el que era anunciado.

Con chamarra de piel, sombrero, pantalón de mezclilla, y su infaltable cadena de oro con el símbolo de “El Gallo”, siempre alborotaba a los presentes.

Aunque no se consideraba un buen bailador, nunca le negó una pieza a las jóvenes que lograban burlar la seguridad para robarle unos pasitos.

Sin embargo, a la par de que despuntaba su carrera, también la violencia hacía lo suyo a lo largo y ancho de todo el País. Incluso, Valentín temía por su seguridad en los bailes, dados los ataques que se volvieron algo recurrente en sitios como palenques.

Valentín Elizalde siempre llevaba su amuleto, una cadena de oro con un gallo que le habían bendecido cuando bautizó a su primera hija, pero de nada le sirvió al momento de presentarse en Reynosa hace 15 años.

Juan Manuel Frausto Aguayo
Agencia Reforma

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