Cómo andar, comer y gozar en Galicia

Al igual que las rías que se asoman por su territorio y que van delineando su costa, Galicia traza una ruta irresistible en los recuerdos de quienes la visitan.

Peregrinos de alrededor del mundo llegan a esta comunidad autónoma en el noroeste de España, para recorrer el Camino de Santiago, la ruta más célebre del continente europeo. No es solo para recibir su Compostela, un certificado que acredita a quienes terminaron este recorrido, sino también para descubrir a su propio ritmo las maravillas naturales e históricas que otorga la región y, de paso, degustar sabrosos platos.

El destino final de la mayoría es la ciudad de Santiago de Compostela, en cuya catedral -se dice- está el sepulcro de Santiago el Mayor, discípulo de Jesucristo.

Es cierto que Galicia es uno de los ejes mundiales para el turismo religioso, pero su atractivo se extiende mucho más allá.

No hace falta tener fe alguna para admirar sus impecables construcciones, como la famosa catedral de Santiago de Compostela, que marida estilos arquitectónicos como el barroco y el románico; o el Dolmen de Dombate, una estructura megalítica que fue erigida hace alrededor de 6 mil años, y que se mantiene preservada en un edificio techado.

Tampoco es difícil quedar fascinado por sus construcciones naturales.

En el norte, destacan el cabo Estaca de Bares, -el punto más septentrional de la Península Ibérica- y el cercano banco de Loiba, descrito como el más bonito del mundo por las bellísimas vistas que regala de la costa de Ortigueira.

Inútil también es resistirse a la gastronomía de esta región, un privilegio tanto para los pescadores como para aquellos de buen diente, quienes pueden probar delicias como la merluza, los percebes y el pulpo a feira.

Para muchos, es una sorpresa descubrir que no todas las rutas del Camino de Santiago culminan en la capital gallega. Una de ellas llega a Finisterre, lugar llamado así porque antes era considerado por los romanos como el
fin de la Tierra. Ahí, la sensación de misterio es palpable.

Algunas tardes en Galicia, cuando la niebla es tan densa, apenas se puede observar la débil luz de un faro. Por la mañana, este fenómeno meteorológico se ha disipado y al horizonte se observa con toda claridad el movimiento de las aguas de la Costa da Morte. Imposible no rendirse ante su encanto.

Juan Carlos Molina I Agencia Reforma

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