La democracia, destino o camino
 
Hace (20) meses
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Guillermo Corrales
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Las sociedades en el mundo, a través de los siglos, han venido experimentando diversas formas de organización política, desde monarquías absolutistas, parlamentarias o constitucionales, pasando por regímenes opresores, esclavistas o autoritarios, hasta gobiernos totalitarios o de partido hegemónico; estos últimos conviviendo en un ambiente de relativa participación social, muy bien controlada por el propio aparato del Estado.

Sin embargo, ya entrado el siglo XX, a través de la democracia, en el mundo tenemos experiencias donde se han ido definiendo diversos principios para poder convivir y transmitir el poder de manera pacífica a través de una serie de actos, actores y procedimientos con garantías de libertad y participación.

Se ha encontrado en la democracia no solo la forma más igualitaria y efectiva de delegar el ejercicio de un poder público que debe ser permanentemente controlado y vigilado, sino también la herramienta más eficaz para poder construir sociedades en constante desarrollo, atendiendo y garantizando el libre ejercicio de los derechos de las personas, principalmente el derecho a la libertad.

Las libertades de pensamiento, de expresión y de asociación son pilares en los que se cimenta el concepto de una sociedad democrática; la definición clara de las reglas para la renovación de un cargo de elección popular es indispensable para poder alcanzar escenarios en donde legítimamente la ciudadanía pueda elegir la opción política que se encargue de encabezar un gobierno.

Las autoridades electorales, ajenas al interés político y al poder público establecido, son indispensables para garantizar que estas reglas se hagan valer y se cumplan por cada persona o grupo participante. Ahí radica la esencia del árbitro electoral: ser autónomo e independiente.

En México llevamos poco más de tres décadas construyendo un sistema político electoral con esta esencia democrática, llevamos ya una generación de mexicanas y mexicanos a quienes nos parece normal la alternancia en el poder de diversas ideologías políticas y formas de gobernar en un ambiente de paz y de corresponsabilidad social.

Por eso la interrogante, hablando de democracia, el Estado democrático y la propia alternancia del poder ¿es la meta?

Me parece que un ejercicio permanente de democracia participativa, con reglas claras y equitativas para quienes contienden debe ser la meta, es decir, la democracia no es un elemento que se alcance y que por ese simple hecho se garantice su ejercicio, más bien la democracia debe ser entendida como una forma de vivir, la cual, como con todo lo que apreciamos en la vida, debemos cuidarla y procurarla día a día.

La democracia debe ser el camino, no el destino.

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