50 años de arquitectura
 
Hace (21) meses
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Guillermo Corrales
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Vivir una profesión por medio siglo es algo relativamente fácil de decir, pero no es sencillo de lograr, especialmente bajo altos estándares.

Y más allá de la mera posesión de un título profesional, que no es otra cosa que la licencia legal que otorga el Estado a una persona para ejercer lo aprendido, el ser un profesional de alto nivel supone una carga adicional al propio título, implica un conjunto de características que deben constituir todo un concepto con el que se deben afrontar los embates propios del ejercicio de cualquier profesión.

La honestidad, el rigor técnico y la confianza entraman el velo de profesionalismo que una persona debe llevar al ejercicio de lo que decidió estudiar, en lo que decidió emplearse para hacerse de un patrimonio, de una vida, de una imagen pública y de forjarse un prestigio. Es decir, la obligación del conocer.

Hoy, la honestidad es uno de los conceptos más utilizados en la vida pública de nuestro país; el rigor técnico al ejercer una función es uno de los baluartes en los que descansa nuestra democracia; gracias al profesionalismo con el que, probadamente, el sistema electoral se ha conducido en las últimas tres décadas y, por ultimo, la confianza es una característica que, en lo público, resulta indispensable para conducir una idea o una política pública.

Haciendo un balance honesto, y con base en elementos probados a través de ejercicios de información estadística, la honestidad, el rigor técnico y la confianza son elementos de los que el servicio público adolece socialmente de unos años a la fecha. Hay un déficit de confianza en lo público, que probablemente nos tome una generación más para poder erradicar y para lo cual se trabaja, al menos desde el ámbito electoral.

Por todo esto, el Espacio Abierto de hoy está dedicado a conmemorar y rememorar un andar profesional que me llena de orgullo y que ha sido mi más grande ejemplo de honestidad y vocación de servicio público. Celebro 50 años de un profesional que con honestidad, rigor técnico y confianza ha sabido conducirse en lo público y ejercer la arquitectura con talento y dignidad.

El pasado 6 de julio mi padre cumplió medio siglo de haberse titulado como arquitecto por la Universidad Nacional Autónoma de México; mi infancia se desarrolló entre amor, disciplina y siempre un restirador presto para recibir los trazos a mano, de quien he visto siempre como un ejemplo de profesional y de servidor.

La herencia de mi padre la disfruto con él en vida al recibir siempre grandes referencias de su actuar y de su andar por cualquier institución pública que visito y de muchos a quienes hoy continúan vigentes en la vida pública de nuestro estado. El arquitecto Luis Alberto Corrales Vivar es y será para mí, siempre ejemplo de honestidad, de rigor técnico impecable, pero sobre todo, de confianza.

Felicidades, papá.

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