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Creatividad y paciencia, claves para aprender a bordar tenangos: Pedro

Con apenas 18 años de edad ha desarrollado habilidades para estas obras


Creatividad, paciencia y el ingenio para combinar colores son las habilidades que con apenas 18 años de edad ha desarrollado Pedro Molina, un joven artesano originario de Tenango de Doria, que se dedica a la elaboración de bordados típicos del municipio.

“Apenas comencé a bordar hace tres años, justamente cuando tenía 15. Aprendí gracias a que constantemente observaba a mi madre cómo lo hacía, quien se la pasa en ocasiones bordando desde muy temprano hasta que casi no hay luz”, comentó en entrevista con Criterio.

Molina afirma que la tradición de elaborar tenangos ha rebasado límites, fronteras y particularmente prejuicios o estereotipos machistas sobre los roles de género, como en su caso, dado que la actividad es usualmente desarrollada por mujeres.

Asimismo, consideró que el bordado de esta artesanía requiere de habilidad para evitar repetir colores, además de que para crear un Tenango de “buena calidad” influye el material que se utilice: “No solo es atinar a las cuentas, hay que hacerlo bien para que eso se refleje”.

El joven de 18 años afirmó sentir orgullo de representar a la cuarta generación de creadores en su familia; además, agradece que antes haya habido hombres que abrieron el camino, lo que le ha ayudado a dejar de lado prejuicios machistas para comercializar sus obras.

“Gracias a Dios yo no he sufrido ningún tipo de discriminación en lo que respecta a mi trabajo, pero sé que para que esto fuera posible ha habido dentro del municipio muchos hombres que han roto estigmas, dejando de encasillar los bordados como una cosa solo de mujeres, ya que, al igual que a ellas, para nosotros poder bordar representa un símbolo de poder”, sostuvo.

Molina consideró que la cercanía que los jóvenes mantienen con los bordados forma parte de su identidad social y consideró importante que la juventud se involucre en la elaboración de tenangos para asegurar que la tradición no se pierda en las próximas generaciones.

Respecto al coyotaje del que artesanos de la región han sido víctimas, aseguró que si los pobladores se arraigan a sus tradiciones podrían disminuir los plagios, el tráfico de tenangos y la venta por medio de los intermediarios.

Además, afirmó que la pandemia de Covid-19 derivó en que prácticas agrícolas y caficultoras, comunes en la zona, fueran remplazadas o mezcladas con el trabajo de los bordados, dado el nivel de riesgo de contagio que las primeras implican al momento de hacer ventas.

FRASE

“Yo no he sufrido ningún tipo de discriminación en lo que respecta a mi trabajo, pero sé que para que esto fuera posible ha habido dentro del municipio muchos hombres que han roto estigmas, dejando de encasillar los bordados como una cosa solo de mujeres”

Pedro Molina, bordador de tenangos de 18 años

Vanessa Romero | Tenango de Doria

 

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