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Se muestran afecto Beatriz y Claudia


Una ceremonia en el Museo Nacional de Antropología se convirtió ayer en el escenario para las muestras de afecto entre la escritora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador, y la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.

Los apapachos y manifestaciones de cariño fueron atestiguados por otro de los presidenciables, el canciller Marcelo Ebrard, quien también fue invitado a inaugurar la exposición La grandeza de México.

Desde el inicio, Sheinbaum buscó la mirada de Gutiérrez Müller, para saludarla. Lo hizo con la mano en el corazón y luego con una sonrisa, mientras levantaba su pulgar derecho. La escritora le correspondió con las mismas señales.

Cuando llegó la presentación de los invitados, la jefa de gobierno aplaudió con energía al escuchar el nombre de Gutiérrez Müller, quien preside de manera honoraria la Coordinación Nacional de Memoria Histórica.

Por primera vez, la investigadora fue más aplaudida y vitoreada que el presidente López Obrador, quien mostró una sonrisa completa al percatarse de los gritos de apoyo.

El respaldo a la historiadora se registró tras de varios días de escándalo en redes sociales, provocado por la lectura pública que hizo el mandatario en Palacio Nacional a un mensaje de Twitter en el que -según dijo- se insultó u ofendió a su esposa.

“La libertad es signo de nuestros tiempos. Esa libertad se usa a veces para destruir, para insultar”, soltó la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto.

Casi al final de la ceremonia, el presidente caminó hasta el micrófono para ofrecer un breve mensaje. El momento fue aprovechado por Gutiérrez Müller para acercarse a Sheinbaum y abrazarla. La jefa de gobierno correspondió y apretó la mano de la escritora.

Desde atrás, el momento fue observado por el secretario de Relaciones Exteriores, quien -al inicio- llegó al templete buscando su nombre en la primera fila. No lo encontró. Vino entonces el corte del listón, pero el canciller Marcelo Ebrard parecía no animarse a dar un paso al frente, hasta que Frausto lo llamó para entregarle unas tijeras.

Concluido el encuentro, los invitados iniciaron un recorrido por la exposición.

Por unos segundos, Ebrard se quedó solo, al final de la comitiva.

 

 

Claudia Guerrero I Agencia Reforma

 

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