A sus 64 años, Oralia Hernández Hernández lidera una microempresa que nació de una tradición familiar y que hoy ofrece sustento a 13 mujeres que, como ella, bordan con orgullo la herencia de sus abuelas

Oralia aprendió a bordar gracias a su abuela y ahora transmite ese conocimiento a su nieta
Foto: Especial
En el barrio El Mirador, Jaltocán, un espacio de trabajo lleno de hilos de colores, telas y diseños de bordados tradicionales se ha convertido en símbolo de resistencia cultural y fuente de empleo para mujeres de la región.
A sus 64 años, Oralia Hernández Hernández lidera una microempresa que nació de una tradición familiar y que hoy ofrece sustento a 13 mujeres que, como ella, bordan con orgullo la herencia de sus abuelas.
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Desde niña, Oralia aprendió a bordar, guiada por su abuela. En aquel entonces, el bordado era parte del día a día, pues se tejía junto con las historias y enseñanzas de las mujeres mayores.
“Antes no lo valoraban, nos decían que eso no daba para vivir y tuve que hacer otros trabajos para salir adelante”, cuenta con voz serena y manos que no han olvidado el ritmo del hilo.

Durante años guardó sus telas y agujas, pero nunca olvidó los trazos. Hace poco, decidió retomar el bordado, no solo como una práctica personal, sino como una propuesta productiva.
“Volví a bordar porque es parte de mi cultura, de lo que soy. Y para mi sorpresa, la gente empezó a buscar nuestras piezas. Lo que comenzó como algo pequeño, casi por gusto, ahora se ha vuelto necesario”, relató.
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Cada mujer trabaja desde su hogar o acude por encargos y recibe un pago de 100 pesos por una tira sencilla y hasta 2 mil pesos por un mantel bordado a mano. Las ganancias no son millonarias, pero representan un ingreso digno y constante, dijo, sobre todo en un contexto donde el empleo femenino es escaso.
“Ya nos siguen muchas personas por lo que hacemos y eso nos motiva. Queremos seguir creando, rescatando nuestros diseños y enseñarles a las nuevas generaciones”, dijo Oralia.
Su nieta, aún joven, ya muestra interés por continuar con el legado familiar: “Ella también quiere aprender, quiere seguir con esto y eso me llena de orgullo”.
Oralia no solo ha revalorizado el bordado como una fuente de ingresos, sino también como una herramienta para reforzar la identidad de su comunidad.
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