Más de 10 mil personas se congregaron para celebrar el carnaval más alegre de Hidalgo, una festividad donde la música de banda de viento, los gritos festivos y el estruendo de los tambores marcaron el pulso de una fiesta que parece no tener fin
Cuernudos, brujas, comanches, payasos y hasta un tiburón bailaron al ritmo de los matlachines, en una explosión de alegría y tradición que tiñó de colores la plaza principal de Calnali.
Más de 10 mil personas se congregaron para celebrar el carnaval más alegre de Hidalgo, una festividad donde la música de banda de viento, los gritos festivos y el estruendo de los tambores marcaron el pulso de una fiesta que parece no tener fin.
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Desde las primeras horas del día, los barrios comenzaron a reunirse, organizando sus comparsas con vistosos disfraces que reflejan la esencia de esta tradición centenaria. La emoción era palpable entre los danzantes, algunos con elaboradas máscaras de madera tallada, otros con atuendos que mezclaban lo festivo con lo aterrador, como el icónico cuernudo, figura emblemática del carnaval.

Cada grupo avanzaba con energía por las calles, entre el aplauso de los espectadores que se acomodaban en cada rincón para no perderse ningún detalle. Los niños miraban asombrados los imponentes disfraces, mientras los más atrevidos se lanzaban a la pista improvisada en la explanada del centro para unirse al vaivén de la música.
El Carnaval de Calnali no solo reúne a los habitantes del municipio, sino que es un imán para turistas nacionales e internacionales. La alcaldesa Corina Jiménez Melo destacó con orgullo la presencia de visitantes provenientes de Camboya, Alemania, Singapur y Estados Unidos, quienes llegaron atraídos por la magia de esta celebración. Pero también es un reencuentro para los calnalenses que viven fuera y que, sin importar la distancia, regresan año con año para ser parte de esta fiesta única.

La música de banda de viento, tan característica de la región, resonaba en cada esquina, marcando el ritmo de los danzantes. El estruendo de los tambores y el sonar de las trompetas se mezclaban con los gritos de alegría y el repique de los cohetes que iluminaban el cielo.
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Las calles se convirtieron en un mosaico de colores y texturas: vestidos de lentejuelas, capas bordadas, máscaras de madera con cuernos retorcidos, plumas vibrantes y hasta trajes inspirados en personajes modernos. Todo tenía cabida en esta celebración donde la creatividad y el arraigo se funden en una misma expresión.
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