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La verdad sigue encuartelada


Adelante iba una manta gigante: “¡El Ejército lo sabe!”. Por primera vez en los ocho años de manifestaciones para conocer la verdad sobre la desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, las acusaciones iban dirigidas contra los militares y, muy de cerca, contra la sospecha de la impunidad que el presidente Andrés Manuel López Obrador les otorga por la suspensión de las órdenes de aprehensión.

“Estamos hablando de que había 83 órdenes de aprehensión, estamos hablando de que militares iban a ser enjuiciados y luego de lo cual ya no hubo nada y lo que tenemos son desistimientos de órdenes de aprehensión.

¿A qué obedece, qué compromisos hicieron, qué pactos hubo con los militares?”, cuestionó al inicio de la marcha, en el Ángel de la Independencia, Vidulfo Rosales, abogado de los familiares de los 43, entre un remolino de cámaras y reporteros.

Luego de que padres y madres de los estudiantes bajaron del camión mostrando en el pecho las fotos de sus hijos desaparecidos, fueron conducidos por la organización Marabunta a la vanguardia del contingente. Campesinos, albañiles, herreros, amas de casa, vendedoras de elotes, que suspendieron sus vidas la noche del 26 de septiembre, o la madrugada del 27, cuando se enteraron de que a sus hijos, jóvenes de recién ingreso a la normal, los habían baleado y desaparecido.

Estudiantes normalistas, universitarios, campesinos de Atenco, telefonistas, dos docenas de familiares de los más de 100 mil desaparecidos que hay en el país por la violencia, avanzaban a su lado con las consignas de siempre: “¡Ayotzinapa vive!” “¡La lucha sigue!” “¡26 de septiembre, no se olvida!”.

Pero en el tumulto de 7 mil personas, de acuerdo con el cálculo oficial, los carteles apuntaban a los militares que, según el informe del 18 de agosto de la Comisión Especial para el caso, están relacionados. El General José Rodríguez Pérez, ex comandante del 27 Batallón, con sede en Iguala, está detenido pero no por mandar asesinar a los estudiantes como acusó la investigación oficial sino por nexos con el crimen organizado.

En el Zócalo, la Catedral y todo el Palacio Nacional tenían doble valla de fierro, el templete para los discursos fue colocado hasta el otro lado. Pero hubo apenas unos cuantos vidrios rotos y una leve escaramuza con la Policía en la retaguardia. Lo más agresivo habrán sido los mensajes pintados en astabandera: “AMLO priista”, “Fue el Ejército”. Y uno más justo abajo del balcón donde el pasado 15 de septiembre Lopez Obrador dio el Grito: “4 Traición”.

Jorge Ricardo I Agencia Reforma

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