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“Me harté de esconderme, hoy soy una mujer trans”: Danna

Hace tres años, Danna Quetzaly acudió a un campamento cristiano “obligada moralmente”, ya que, hasta entonces, había escuchado comentarios “malos” en torno a la diversidad sexual. En ese momento, con 15 años de edad, la joven había llegado a pensar que podría ser bisexual, o bien, que podía definirse con el género no binario, que se identifica con aspectos masculinos y femeninos.

Ya había descartado ser un hombre gay, pues no se identificaba como tal. Fue entonces que al caer en depresión, y como sugerencia de una tía, acudió a un campamento en Pachuca encabezado por pastores cristianos, quienes mediante la palabra de Dios, pretendieron hacer creer a los adolescentes que se congregaron ahí que no podía haber orgullo en ser LGBTIQ+ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti, queer) y mejor se concentraran en “hacer algo de su vida y no en cosas que no estaban bien”.

Aunque desde 1973 la Asociación de Psiquiatría Americana eliminó a la homosexualidad de su manual sobre trastornos mentales, en la actualidad aún se ofrecen terapias de reconversión sexual que, mediante la premisa de que las personas con una orientación distinta están “enfermas”, necesitan “curarse”.

“A mí me obligó la sociedad (a asistir al campamento), porque siempre escuchamos que estamos mal y que tenemos que curarnos. Sí llegué a creer que un Dios podía curarme y podía encontrar el camino correcto. Regresé del campamento y noté que sí hubo un ‘lavadito’ de cerebro; llegué cambiadísima, solo quería estar rezando y cambió mi manera de ser”, aseveró.

Aun con el “lavado de cerebro”, Danna sabía que el cuerpo en el que habitaba no era el suyo, es decir, necesitaba transitar al aspecto físico que realmente anhelaba. “Descubrí que no quería vestirme de mujer solo por un rato, sino que yo era una mujer y que quería llevar una vida como tal”.

Hace año y medio, Danna, originaria del Estado de México y radicada en Hidalgo desde hace 15 años, comenzó su transición como mujer transgénero. “Me harté de esconderme y de vivir una vida como de disfraz. Hoy soy una mujer trans declarada abiertamente”, expresó.

Antes de aceptar su orientación sexual tenía ideas erróneas de las personas transgénero, como que viven segregación y prostitución, por lo que rehuía a identificarse de esa manera; sin embargo, al documentarse, entendió que la diversidad existe y que los integrantes de esta comunidad pueden realizar una vida común, como el resto de las personas.

Actualmente estudia la licenciatura en Arte Dramático y también realiza activismo a favor de las mujeres y de la comunidad LGBTIQ+.

Danna reconoce el apoyo que le ha brindado su familia, por lo que no duda en que la mejor forma de ayudar a los adolescentes que recién han descubierto que tienen una orientación sexual distinta, “es el amor” de su núcleo familiar.

El 24 de julio pasado, el Congreso de Ciudad de México aprobó una reforma al Código Penal para castigar a quien incurra en terapias de reconversión sexual.

Dichas terapias pueden ser promovidas por organizaciones religiosas y de autoayuda, aunque también se puede obligara la persona a la que se pretende cambiar su orientación sexual a tomar medicamentos para tratar desórdenes psicológicos o neurológicos.

Yuvenil Torres

Pachuca

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