Cada noche, en la calle Amapola número 703, la empatía y el apoyo se convierten en el lenguaje común

El Refugio Invernal de Pachuca está ubicado en la calle Amapola número 703, de la colonia Ampliación Santa Julia
En la Bella Airosa, donde los vientos fríos anuncian la llegada del invierno, el Refugio Invernal de Pachuca se erige como un oasis de calor y solidaridad, pues este programa, implementado por el ayuntamiento capitalino no solo ofrece un techo y alimentos a quienes lo necesitan, sino que también resguarda historias entrañables de sus usuarios y del equipo que, noche tras noche, trabaja con dedicación.
Desde hace algunos años, los trabajadores del refugio han transformado sus noches en jornadas de ayuda desinteresada, así lo admitió en entrevista con Criterio Indira Piña, encargada del programa este año, quien describió el proceso que comienza cada día a las 18:30 horas y concluye a las 7:30 horas del día siguiente.
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En el Refugio Invernal, ahora ubicado en la calle Amapola número 703 de la colonia Ampliación Santa Julia, cada detalle está pensado para ofrecer seguridad y bienestar.
Al llegar, las personas en situación de calle son recibidas por un elemento de Seguridad Pública, quien realiza una revisión cuidadosa para evitar la entrada de armas o a cualquier objeto que pueda vulnerar la calma de los presentes.

Después, Elenita, conocida por su trato amable, registra los datos de los asistentes, tarea que ha desempeñado durante los últimos tres años, en los cuales ella ha sido un rostro familiar que infunde confianza y calor humano a los desamparados.
La salud también se procura en el lugar, gracias al equipo médico, conformado por el doctor Misael, la doctora Marlene, el enfermero Ángel y la enfermera Ana, quienes rotan turno cada noche para atender a los usuarios.
Durante la visita de este medio de comunicación, Ángel Nochebuena estaba de turno, su nombre parece un presagio de la labor que realiza; brindar cuidados médicos y esperanza en las horas más oscuras.

Para Ángel, su misión trasciende la salud, pues muchas veces lo necesario es simplemente escuchar, permitir que las personas se desahoguen y encuentren un lugar donde platicar sus problemas sin ser juzgados, comentó.
Después de la revisión médica, los huéspedes reciben una merienda balanceada que los reconforta y prepara para el descanso.
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El refugio, entrañado en una gran bodega blanca, está organizado en tres áreas que cuentan con camastros con colchonetas y suficientes cobijas para el frío: una para asistentes comunes, otra para mujeres y una más para familias con niños, que se ubica en un segundo piso del lugar.
Además, se les entrega un kit de limpieza personal y vestimenta, que incluye pasta y cepillo de dientes, shampoo, jabón, toallas, sandalias y una muda de ropa, porque por primera vez tienen acceso a regaderas para ducharse.

El Refugio Invernal de Pachuca no solo proporciona calor y alimento, ya que ofrece algo más valioso como lo es un espacio donde la empatía y el apoyo se convierten en el lenguaje común.
Gracias a la labor incansable de Indira, Elenita, Misael, Ángel, Marlene, Ana y el resto del equipo, cada noche en la calle Amapola número 703 se escribe una nueva historia de humanidad y esperanza.
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