“Mi casa ya no es la misma”: la historia de Lilian, joven asesinada en Ciudad Sahagún

Lilian era originaria de Mineral de la Reforma y había llegado a Ciudad Sahagún, en Tepeapulco, con un propósito claro: estudiar, avanzar y construir un futuro, algo propio

Imagen: Luis Godínez
 
Hace (1) meses
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Imagen: “Mi casa ya no es la misma”: la historia de Lilian, joven asesinada en Ciudad Sahagún

Familiares y amigos de Lilian exigieron justicia para la joven
Foto: Luis Godínez

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En una tarde nublada, con el centro de Apan marcado por el vaivén de la gente, entre puestos y calles transitadas, María Guadalupe Fernández llegó al punto de encuentro con Criterio, horas antes de la audiencia en la que se dictaría sentencia contra el feminicida de su hija, Lilian. Con trato amable y voz serena, comenzó a hablar, no desde el expediente, sino desde la historia que la llevó hasta ahí.

Con voz entrecortada, comenzó a reconstruir quién era Lilian Escudero Fernández, desde los recuerdos que permanecen.

Lilian era originaria de Mineral de la Reforma y había llegado a Ciudad Sahagún, en Tepeapulco, con un propósito claro: estudiar, avanzar y construir un futuro, algo propio.

En 2024, Lilian cursaba la Licenciatura en Contaduría en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), pero su vida no se limitaba a las aulas, aseguró su madre.

A sus 20 años, Lilian había emprendido un negocio de comida, hablaba dos idiomas y buscaba perfeccionarlos, con la idea de irse a estudiar al extranjero, lo que no había podido hacer por falta de recursos económicos, pero pasaba horas frente a la computadora, hablando con personas de otros países, practicando, aprendiendo.

A Lilian le gustaba la cocina y, en ocasiones, dejar la comida lista antes de que su madre regresara a casa; también hallaba orden en la limpieza, en esas tareas que asumía con naturalidad.

Entre la estufa, los utensilios y los pequeños detalles del día a día, iba construyendo su espacio, su forma de estar presente con gestos simples, casi invisibles, pero que hoy, en su ausencia, pesan más que cualquier recuerdo para su madre.

“Era una niña muy linda, muy noble, tenía muchos sueños”, recuerda su madre, en una frase que intenta abarcar todo lo que hoy hace falta, tratando de evitar que las lágrimas de los recuerdos emanen.

Desde entonces, la casa dejó de ser la misma. Los espacios que antes compartían: la sala, la mesa, los rincones donde coincidían, hoy se sienten distintos, más vacíos, admite Guadalupe.

Para su madre, incluso salir se volvió complicado, ya que los lugares a los que solían ir, las rutinas de antes se han transformado en recordatorios constantes de lo que más le hace falta, su hija.

El caso de Lilian se resolvió en los juzgados de ApanFoto: Luis Godínez
El caso de Lilian se resolvió en los juzgados de Apan
Foto: Luis Godínez

 

El feminicidio de Lilian

El 22 de enero de 2024, la vida de Lilian fue arrebatada dentro de la habitación que rentaba en la colonia Carros, enclavada en Ciudad Sahagún, localidad perteneciente a Tepeapulco.

El responsable fue su arrendador, Juan Pablo V. H., una figura con la que había construido una relación de confianza y que, de acuerdo con la investigación, ejerció violencia física y sexual en su contra.

Después de perpetrar el feminicidio, intentó ocultar lo ocurrido al simular una fuga de gas, de acuerdo con la carpeta de investigación del caso; sin embargo, no logró su cometido, pues las cámaras del propio inmueble registraron los movimientos y permitieron establecer que nadie más entró ni salió del lugar en el momento de los hechos, solo él.

De acuerdo con la madre de la víctima, mientras la familia despedía a Lilian, la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH) reconstruía, segundo a segundo, lo ocurrido dentro de ese espacio cerrado donde la confianza se convirtió en vulnerabilidad.

El proceso avanzó hasta los juzgados penales de Apan, a casi 20 kilómetros de donde se registró el feminicidio.

Fue en una sala pequeña, donde las historias se traducen en pruebas y resoluciones, que un Tribunal de Enjuiciamiento dictó una sentencia de 43 años y nueve meses de prisión contra el responsable, en una audiencia que se realizó de manera privada.

La condena llega como un punto final en lo jurídico, pero no alcanza a cerrar lo que ocurrirá fuera de esa sala, en el corazón de la madre de Lilian y sus familiares, quienes estuvieron presente a las afueras de los juzgados con un grito al unísono que pedía justicia.

En Hidalgo, los casos de feminicidio no siempre encuentran una resolución. De acuerdo con datos del Poder Judicial, entre 2020 y 2025 se judicializaron 187 casos, pero solo se dictaron 133 sentencias, lo que significa que cerca de 29 por ciento de los procesos aún no tienen un desenlace.

En medio de ese contraste entre números y vidas, la historia de Lilian se refleja en su ausencia, su madre no habla de estadísticas cuando recuerda, sino de rutinas, de la cocina, de los estudios, de las tardes en casa, de los espacios compartidos que hoy se sienten distintos, Lilian ayudaba en casa, cuidaba de su abuela y organizaba su tiempo entre la escuela, proyectos y planes. Su vida tenía dirección, ritmo, intención.

Hoy, con una sentencia dictada, el caso de Lilian forma parte de una lista que sigue creciendo, pero en su casa el tiempo se mide de otra forma, no por años de condena, sino por ausencia, por las conversaciones que quedaron pendientes, por la sensación constante de que algo falta en cada espacio.

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