Más de 19 mil personas acompañaron los diferentes viacrucis de la Bella Airosa

Las tres caídas en cada uno de los viacrucis realizados a lo largo de la capital hidalguense se convirtieron en momentos de silencio
“Azótalo, soldado”, “¡Quiten a esa gente!”, “Si eres rey de los judíos, libérate ahora”, estos fueron algunos de los improperios que los soldados romanos gritaban por las calles, callejones y veredas de Pachuca durante el Viernes Santo, día que convocó a más de 19 mil espectadores que se distribuyeron entre los diferentes viacrucis que se celebraron en la capital hidalguense, una ciudad que, por unas horas, se transformó en un escenario de profunda devoción.
Las actividades, en al menos cuatro de los 19 viacrucis que se realizaron en Pachuca, comenzaron cerca de las 11:00 horas en diversas explanadas y calles, donde, poco a poco, se fueron concentrando miles de asistentes.
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Criterio realizó la cobertura completa de cuatro de ellos: los de El Arbolito, Cubitos, Las Lajas y El Lobo, que reunieron casi 19 mil espectadores totales, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública del municipio.

A medida que los diferentes contingentes avanzaban, las calles se volvían más estrechas, ya que la mayoría de las procesiones culminan entre cerros y veredas boscosas que rodean a la Bella Airosa.
En cada una de las rutas, la solemnidad del sacrificio de Cristo se mezclaba con el bullicio popular, pues un hombre arrastraba una cruz de más de cien kilos, mientras los puestos de cerveza, botanas y aguas frescas marcaban la ruta del calvario.

En El Arbolito, uno de los barrios con mayor arraigo en esta tradición, la figura de Cristo recayó este año en Salvador Pichardo, de 32 años, quien, no solo asumió el papel con entrega física y emocional, sino con un profundo peso simbólico, ya que es nieto de quien personificó por primera vez a Jesús hace 56 años, cuando comenzó el viacrucis viviente en esa zona.
Ya fuera entre callejones empinados, plazas públicas o explanadas polvorientas, las tres caídas en cada uno de los viacrucis realizados a lo largo de la capital hidalguense se convirtieron en momentos de silencio, cada vez más largos que el anterior, pues los personajes mostraban el cansancio del largo trayecto, que en la mayoría fueron de casi tres horas.

Al final de cada viacrucis, la crucifixión marcó el clímax de la jornada, ese instante en el que el dolor y la fe se entrelazan en un solo gesto, ante los miles de ojos que observaban en silencio, con la modernidad presente, pues cada uno tenía el celular en la mano para grabar el momento.
En cada barrio, desde El Arbolito hasta Las Lajas que se encuentran de cerro a cerro, pasando por las calles empedradas de Cubitos o los rincones más apartados del barrio del Lobo, las tres cruces se alzaron, simbolizando no solo el sacrificio de Cristo, sino también la persistencia de una tradición que ha unido a generaciones, sin importar los prejuicios o la mala fama que tenga cada uno de los barrios.
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