Familias arribaron a primera hora a un penal estatal para asegurar su lugar en la jornada de visitas en plena temporada navideña

Familias esperan en fila frente al Cereso de Pachuca horas antes de la visita | Foto: Luis Godínez
Para varias familias, la Navidad empieza desde este 21 de diciembre, en la banqueta del Centro de Reinserción Social (Cereso) de Pachuca, pues, desde antes de que saliera el sol, cientos de personas se formaron para visitar a sus familiares y amigos que se encuentran recluidos en el penal capitalino.
Para ellos no hay villancicos, no hay adornos alusivos a las fechas decembrinas, no hay regalos ostentosos, esas pretensiones se cambian por comida casera, productos de aseo personal y la sonrisa de sus seres queridos.
Te puede interesar: Retiran vigas de puente peatonal frente al Hospital General de Pachuca tras cierre por riesgo estructural
Las filas son largas y se forman dos: una para el área varonil y otra para el área femenil.
El tiempo de espera “es un volado”, se escucha decir a los asistentes, por lo que varias personas llegan desde una noche antes para asegurar ser de las primeras en pasar, y más para esta visita, ya que es la navideña, por lo que nadie se mueve a pesar de la larga espera.
Las puertas abren a las 9:00 horas y se cierran a las 13:00 para quien quiera entrar a visita. Algunos, incluso, todavía esperan afuera cerca de las 12:00; mientras que los que logran entrar, solo permanecen por unas pocas horas, pues a las 15:00 comienza la evacuación.
Mientras avanza la mañana, el exterior del penal pachuqueño, ubicado en el bulevar del Minero, se convierte en un pequeño mercado improvisado, pues se vende fruta, pan, dulces, ropa y hasta barbacoa.
También hay quien cuida bolsas o saca copias, un negocio que se vuelve indispensable y muy redituable, ya que varios olvidaron algún papel de requisito para entrar, como lo es el pase de visita, que tiene algunos datos de la persona recluida y también la identificación oficial de quien desea entrar.
Entre la gente que espera bajo los inclementes rayos de sol, o para los afortunados bajo una sombrilla, hay niños, niñas y adultos mayores, todos cargando algo: comida, platos desechables, ropa, productos de limpieza o simplemente la esperanza de pasar unas horas juntos con padres, madres, hijos e hijas, hermanas y hermanos.

“Este día se ve más comida que otros”, comenta un joven que se dedica a hacer mandados y organizar las filas.
Las bolsas se multiplican entre más personas llegan a formarse, muchas llevan nombres escritos con plumón para no perderse, pero parece que ya todos saben las reglas: no mochilas, no gorras, nada de metal, nada enlatado.
Un hombre joven, que no pasa de los 40 años —quien prefirió no dar su nombre —, cuenta, mientras avanza lento en la fila, que viene desde Ecatepec, Estado de México, y que lleva más de tres horas formado en el Cereso de Pachuca.
Es su primera vez visitando a una persona recluida. Con gracia, comenta que viene al desayuno de Navidad, no sin antes repasar lo que le dijeron que no dejan pasar, y lo que sí, logró acomodarlo en dos bolsas de mandado grandes, que lleva junto con algunos miembros de su familia.
Para entrar, le pidieron copia de su identificación y del pase con los datos de la persona recluida.
La fila avanza despacio. Adentro, las revisiones son minuciosas, aseguran algunos, mientras que, afuera, el tiempo se mide distinto: en horas, en pasos, en turnos, en historias compartidas entre familiares y hasta desconocidos.
Según los últimos informes de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo (CDHEH), el Cereso de Pachuca alberga a casi dos mil personas privadas de la libertad, una cifra que refleja la sobrepoblación del penal.
En total, en las 12 cárceles del estado, hay alrededor de 5 mil 700 personas recluidas; por eso, en días como este, la Navidad no se vive adentro ni afuera, sucede desde días antes, en una larga fila.
¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH