Ante la propuesta de prohibir la tauromaquia en Hidalgo, Criterio recabó las posturas de activistas a favor de los derechos animales y de aficionados a las corridas de toros

La propuesta para prohibir las corridas de toro fue ingresada al Congreso de Hidalgo el pasado 18 de marzo
Foto: Archivo
El pasado 18 de marzo se ingresó al Congreso de Hidalgo una iniciativa para prohibir las corridas de toros en la entidad, lo que desató un intenso debate entre quienes defienden la llamada fiesta brava y quienes la consideran cruel.
Para ampliar el panorama, Criterio recabó las posturas de activistas a favor de los derechos animales y de aficionados a las corridas de toros, quienes argumentan que se trata de un evento de gran valor cultural y económico.
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Pedro Guerrero, activista y fundador del refugio Cuatro Patitas Un Corazón, celebró que se discuta en el Congreso hidalguense la prohibición de las corridas de toros, una medida que, según él, debió haberse tomado hace décadas.
El activista argumentó que la tauromaquia está erróneamente vinculada con la cultura mexicana, pues en realidad es una tradición impuesta desde el extranjero.
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Además, denunció que la práctica implica un alto grado de crueldad, no solo durante la corrida, sino también en la preparación del toro.
“Les provocan daño en tendones y músculos, les cae arena en los ojos y los merman brutalmente hasta que el matador da el golpe final. Es una mal llamada tradición que atenta contra la evolución humana y el respeto a los animales”, sostuvo.
Guerrero también señaló que el estrés y el sufrimiento al que se somete a los toros antes de la corrida refuerza la naturaleza cruel de esta práctica, desmintiendo el argumento de que estos animales “son criados para ello”.
Sobre los intereses que han impedido la prohibición de la tauromaquia, criticó que no solo sean económicos, sino también políticos, pues aseguró que varios diputados federales involucrados a lo largo de varios años en el tema son propietarios de ganaderías y aficionados a este tipo de espectáculos.
“Los sacrificios humanos también eran cultura y logramos erradicarlos. Esa sí era una tradición arraigada en nuestro territorio, pero comprendimos que eran prácticas brutales”, concluyó.
Por otro lado, Sonia López Valderrama, presidenta de la organización Tauromaquia Mexicana, Capítulo Hidalgo, defendió las corridas de toros como un evento especial, cargado de emotividad y con un profundo significado cultural.

Sonia, quien se considera aficionada desde la infancia, recordó con nostalgia las primeras corridas que presenció junto a su abuelo, incluso en otros países, como España.
Para ella, la tauromaquia es un arte que involucra valores como disciplina, constancia, esfuerzo y entrega, tanto para el torero como para el toro de lidia.
López Valderrama lamentó que, con el paso del tiempo, los toreros y ganaderos hayan pasado de ser figuras respetadas a ser vistos con desprecio y como delincuentes.
Además, advirtió sobre el impacto económico y social que traería la prohibición de las corridas de toros en Hidalgo, estado donde, dijo, se generan aproximadamente 8 mil 500 empleos directos e indirectos gracias a la tauromaquia.
“En el estado se realizan al menos 400 corridas al año, generando entre 8 mil y 9 mil empleos directos e indirectos, pues detrás de cada corrida hay sastres, ganaderos, toreros, transportistas, carpinteros, acomodadores, boleteros, vendedores de dulces, cervezas y carnicerías, además del impulso a la hotelería y los restaurantes”, explicó López Valderrama.
El Congreso de Hidalgo ahora enfrenta una decisión trascendental: preservar una práctica por algunos considerada tradicional o poner fin a una praxis calificada como un acto cruel por un sector de la sociedad.
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