“Vi lo que hicieron, ya no quiero seguir en el tren”

Antes de llegar a Pachuca, Otto caminó 90 kilómetros desde Lechería, Tultitlán, donde dejó atrás a La Bestia y lo que en su transitar vio.

Su estancia en el tren que lleva nombre de monstruo, en el cual, según cifras del Instituto Nacional de Migración (INM), cada año viajan 400 mil centroamericanos, fue “una mala experiencia”. Él y las personas que por ahí pasaron en su intención de llegar a la frontera con Estados Unidos, dice, eran constantemente extorsionados por grupos que identificó como miembros de La Mara Salvatrucha.

“No tienen piedad con uno. Yo estoy esquivando a La Mara, vi lo que hicieron atrás, ya no quiero seguir en ese tren por lo que hicieron atrás, sé que más adelante me van a matar, el mismo que me perdonó la vida atrás a mí y a muchos”. 

Originario de Centroamérica, se internó en el país por Tenosique, Tabasco, y a lo largo de su viaje por intentar llegar a la frontera en busca de familiares ha encontrado desde militares que le recomendaron, como a otros, regresar y otros a quienes mostró la foto de los suyos y prometieron repatríalos en caso de hallarlos. Le dijeron, y lo sabe, que hay miles de migrantes extraviados en este país.

Un padre, quien atiende un albergue en Oaxaca, relata tras beber agua, le advirtió del peligro que se vive en el trayecto de La Bestia, donde los migrantes son extorsionados, por lo que le aconsejó no viajar de noche “porque los asaltan”.

La advertencia del párroco se hizo realidad en Veracruz. Allí, sujetos que se identificaron como  maras,  junto con policías, les querían cobrar miles de dólares por llevarlos a Estados Unidos.

“Te piden 2 mil dólares para dejar de molestarte en el tren, no puedes decir nada, sólo te agachas y caminas; te golpean, te quitan la ropa, y si te perdonan la vida, te dicen ‘vete’ y te vas como puedes. La ropa que traigo y los zapatos me los regalaron. Lo único que traigo desde mi país es mi corazón y la fuerza de mi padre santo (que hará que logre su objetivo)”, expresa.

“Había un hombre que estaba muy contento porque acababa de ganar dinero y le pagó al policía, entonces no nos hizo nada, pero algunos estaban enojados. Es cuando te piden dinero, y como no tienes, te hincan, te ponen una pistola en la cabeza y dicen de ‘tin marín de do pingüe’ (sic). Vi cómo mataron a un hombre. Pagó con su vida el querer salir de la pobreza”, relata.

Otto decidió dejar La Bestia y tomar otra ruta “más fácil” para llegar a su destino, mismo que otros centroamericanos. En el camino también encontró personas que le ayudaron con agua, comida y hasta con dinero.

Antes de continuar su andanza, dice que no busca llegar a Estados Unidos, sólo recuperar a los suyos. Si lo logra, añade, promete regresar al lugar donde lo ayudaron.

“No busco quedarme en un albergue porque me atrasaría para encontrar a mi familia, y es que en México hay muchos migrantes desaparecidos”.

Retornos, hasta de pakistaní

De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación (Segob), de enero a abril de 2017 presentaron ante la autoridad migratoria en Hidalgo a 108 extranjeros; a 86 de ellos aplicaron retorno asistido. Según las estadísticas, ninguna fue deportación.

De los 71 adultos y 15  menores, 82 son de Centroamérica: 47 de Honduras, 29 de El Salvador y seis de Guatemala, así como dos de Ecuador, un estadounidense y un pakistaní.

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