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Educación a distancia expone la desigualdad y provoca deserción

Estudiantes se vieron obligados a abandonar sus estudios


América y Alicia son dos menores de edad que anhelan estudiar una carrera universitaria, y aunque durante los primeros meses de la pandemia por Covid-19 dudaron en que podrían seguir su educación de nivel básico, con la ayuda de familiares cercanos han logrado mantener vivo el sueño de llegar a ser profesionistas.

A su vez, Fernanda y Luis Ángel son dos adolescentes que hicieron lo posible por continuar su instrucción de manera virtual; sin embargo, hace seis meses se vieron obligados a abandonar sus estudios de secundaria. Si bien manifiestan que se trata de una deserción temporal, los hermanos no tienen la certeza de poder seguir su educación.

Los cuatro menores habitan en el barrio La Raza, uno de los más marginados de Pachuca, y aunque no se conocen, viven en contextos similares: falta de recursos económicos y familias desintegradas, pues el padre de América y Alicia se fue del hogar poco antes de que comenzara la pandemia, mientras que la madre de Fernanda y Luis Ángel los abandonó hace varios años.

Niños colonia La Raza problemas clases en línea
Foto: Oscar Sánchez

Alicia Juárez Hernández, madre de las menores de 9 y 13 años de edad, describe que sus ingresos son irregulares, pues antes de que comenzara la contingencia sanitaria se dedicaba a realizar quehaceres en los hogares; no obstante, sus empleadores la dejaron sin trabajo por temor a algún contagio de coronavirus.

Sin empleo y con el abandono de su esposo, Alicia recuerda que hubo ocasiones en que no tenía dinero para llevar un plato de comida a la mesa de su hogar, mucho menos, para pagar una recarga de tiempo aire para que sus hijas tomaran clases virtuales a través de un teléfono celular, pues no cuentan con computadora.

“Ninguna autoridad ni gobierno se pusieron a pensar que no todos los niños cuentan con computadora, teléfono e internet. Realmente, como madre, muchas veces me he sentido sola y frustrada”, expresó.

El abandono de su padre y la carencia de recursos tecnológicos se reflejaron en el rendimiento de la mayor de las hermanas. Fue la ayuda de su tío, quien contrató servicio de internet, lo que permitió a las menores seguir estudiando en línea.

Por su parte, Luis Ángel expresa que, desde hace seis meses, abandonaron sus estudios, ya que ni siquiera cuentan con teléfono celular. Él cursaba el tercer grado de secundaria y su hermana el primero. “A mí sí me gustaba estudiar, pero fue la pandemia lo que nos complicó las clases”, manifestó.

Por ahora, los adolescentes de 16 y 13 años no toman clases, ayudan a su abuela —que vende gorditas—, María Manuela Lara Juárez, quien aun con la discapacidad visual con la que vive, es el sostén del hogar. La mujer de 63 años desea que sus nietos retomen sus clases, ya que destaca que “los estudios siempre hacen falta”.

Dice que les menciona a sus nietos que deben prepararse y seguir adelante. “Mis nietos me dicen que sí quieren seguir estudiando y yo les digo que le echen ganas, porque yo no voy a estudiar por ellos”.

 

Yuvenil Torres I Pachuca

 

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