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Acusa AI a Rusia de crímenes de guerra


Amnistía Internacional (AI) acusó el lunes a Rusia de crímenes de guerra en Ucrania, al afirmar que centenares de víctimas perecieron en incesantes ataques en Járkov, muchos de ellos realizados con bombas de fragmentación.

Al cabo de una investigación, la ONG de defensa de derechos humanos afirma haber hallado pruebas que muestran que en siete ataques contra barrios de la segunda ciudad de Ucrania, en el Noreste del país, las fuerzas rusas usaron bombas de racimo del tipo N210 y 9N235 y minas de fragmentación, dos categorías prohibidas por los tratados internacionales

Titulado Todo el mundo puede morir en cualquier momento, este informe muestra cómo las fuerzas rusas mataron y provocaron inmensos daños al bombardear sin pausa barrios residenciales de Járkov desde el inicio de la invasión de Ucrania el 24 de febrero.

“Personas murieron en sus casas y en las calles, en los parques y en los cementerios, cuando hacían cola para obtener ayuda humanitaria o para comprar alimentos o medicamentos” dice Donatella Rovera, investigadora de situaciones de crisis y de conflicto en la sede de Amnistía

“La reiterada utilización de armas (…) prohibidas es chocante y demuestra un desprecio real por la vida de
civiles” agrega.

Aunque Rusia no haya firmado ni la Convención sobre las municiones de racimo ni la de las minas antipersona, el derecho internacional humanitario prohíbe los ataques y el uso de armas que golpean de forma indiscriminada y constituyen un crimen de guerra, subraya el informe de Amnistía.

La justicia ucraniana ha lanzado más de 12 mil investigaciones por crímenes de guerra desde el inicio de la invasión rusa, según la fiscalía

ONG investiga 41 bombardeos que dejaron en total al menos 62 muertos y al menos 196 heridos. Miembros de Amnistía se entrevistaron con 160 personas en Járkov en abril y mayo, especialmente supervivientes de ataques, familiares de víctimas y testigos.

Entre los testimonios recogidos por Amnistía figura el de Tetiana Agayeva, enfermera de 53 años, que se hallaba frente a su edificio cuando varias bombas de racimo explotaron el 15 de abril.

“Hubo un súbito ruido de petardos, por todas partes. Vi humaredas negras allá donde se produjeron las explosiones. Nos tiramos al suelo e intentamos ponernos luego a salvo. El hijo de nuestro vecino, un chico de 16 años, resultó muerto en el acto” relata.

Tres personas resultaron muertas y seis heridas cuando una serie de armas de racimo explotaron en el mismo barrio el 26 de abril, agrega AI.

Alejandro Albarran García
Agencia Reforma

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