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La identidad de la máscara del Carnaval


Las máscaras son piezas clave en los carnavales y son una de las partes más atractivas de la indumentaria que usan los participantes en las festividades anuales que se realizan en diferentes lugares de Hidalgo antes del miércoles de ceniza. Pero ¿quiénes las hacen? Y ¿cómo es que aprendieron a elaborar estas piezas únicas, hermosas y a  veces aterradoras?

Antonio González Castillo, oriundo de la comunidad Carpinteros, en el municipio de San Agustín Metzquititlán, se dedica a hacer máscaras desde niño, pues su padre le enseñó el oficio. De forma paralela se dedica al campo, por lo que en esta temporada siembra aguacates.

“Aprendí a los 10 años y luego me fui un tiempo a México y dejé de hacerlas. Desde hace 15 años me dedico a las máscaras y a exponer a donde me llamen: a las ferias, a los festivales, al Xantolo. Todo el año trabajamos las máscaras”, dijo en entrevista para FDS.

En una conversación dentro de su taller, donde tiene montones de madera apilados para sus creaciones, recuerda cuando vendió su primera pieza. “No se me olvida. Hice un venadito todo feo porque mi abuelito, que en paz descanse, tenía unos cuernitos en la pared. Pensé: ‘voy a hacer una máscara y le voy a volar los cuernos’. Y me regañó, pero me pagaron bien”.

Para crearlas se utiliza todo tipo de madera. “La más apropiada es el árbol de pemuche o colorín, también están el aile, palo de cruz y ortiga; otras opciones son el cedro o palo escrito, que son maderas mucho más finas.

“Las máscaras salen de la imaginación, pero también de diseños que nos mandan. Mucho de lo que hacemos viene de la tradición. Hay máscaras que ya conoce uno de toda la vida. Todo está en la mente: ya sabemos cómo elaborar las piezas”, comentó el señor González Castillo.

Para el carnaval lo que más se venden son los demonios, payasos diabólicos y calaveras, todo lo que lleva cuernos, aunque a don Antonio lo que más le gusta son las máscaras tradicionales. El originario de Carpinteros prefiere las de indio, que complementa con ropa de manta, con su machote, su ayate, su lazo y sombrero de palma grande.

Es necesario entregar las máscaras una semana antes de la festividad, porque los participantes se tienen que probar sus trajes completos.

“Lo que uno quiere es que los niños y jóvenes aprendan, pero desgraciadamente los celulares nos han dado en la torre porque limita aprender el oficio. Yo les digo que si van al carnaval se disfracen, porque es una tradición y tenemos miedo de que se acabe. Si no les inculcamos a los niños, qué tradiciones habrá más adelante”, culminó.

Sara Elizondo I Pachuca

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