El arquero colombiano dejó una huella imborrable en la historia del futbol mexicano con sus actuaciones memorables
Aunque Miguel Calero fue protagonista de múltiples escenas de éxito con los Tuzos, hay cinco muy particulares que siguen en la memoria de los aficionados del Pachuca.
Desde su llegada en el año 2000, Miguel Calero fue sinónimo de seguridad y pasión bajo los tres palos. Su estilo inconfundible, con gorra, carácter fuerte y brazos extendidos al cielo, se convirtió en imagen recurrente de los mejores momentos en la historia moderna del club hidalguense.
Uno de los episodios más memorables ocurrió en la final del Invierno 2001, cuando Miguel Calero se plantó con autoridad en el Volcán de Tigres. Aunque el rival presionó desde los primeros minutos, el arquero contuvo cada embate, permitiendo que Pachuca se coronara en territorio hostil, comenzando así una racha ganadora frente a los regios en juegos definitivos.
Pero no solo defendía, también atacaba. En 2002, durante un duelo ante Jaguares, el marcador favorecía al cuadro chiapaneco, hasta que, en la última jugada, Miguel Calero se lanzó al área contraria. Un cabezazo suyo, con todo y su gorra característica, significó el empate y desató la locura en el Hidalgo.
Su instinto competitivo lo llevó a ser figura internacional. En 2007, durante la Superliga ante el LA Galaxy, Miguel Calero se enfrentó a Landon Donovan en una tanda de penales. Con una atajada memorable, negó el título al conjunto estadounidense, reafirmando la supremacía mexicana.
Ese mismo año, fuera de las canchas, libró otra batalla. Una trombosis amenazó con alejarlo del futbol. Contra todo pronóstico, Miguel Calero regresó a la actividad a inicios de 2008, demostrando que su espíritu era más fuerte que cualquier diagnóstico.
La historia del Cóndor en Pachuca culminó oficialmente en 2011. En un emotivo partido sin goles, ante su gente, Miguel Calero se despidió de las canchas, entre lágrimas, ovaciones y el cántico que lo acompañó por más de una década: “miren, miren, qué locura… ya llegó Miguel Calero, llegó a Pachuca para ser campeón”.
El legado de Miguel Calero no terminó con su retiro, ni siquiera con su partida física en 2012. Su figura sigue presente en murales, cánticos y recuerdos. Es símbolo de garra, de entrega y de amor eterno por los Tuzos. Porque ídolos hay muchos, pero Miguel Calero, solo uno.
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