Desde la primera camiseta de Roberto Medina hasta piezas de Miguel Calero, Ramírez guarda la historia completa del Pachuca en un archivo único

Tomás Ramírez ha convertido su colección en un puente entre generaciones de aficionados del Pachuca. Foto: David Martínez
Con más de 600 camisetas originales del Club Pachuca reunidas en tres décadas de meticulosa búsqueda, Tomás Ramírez se ha convertido en uno de los coleccionistas más relevantes del futbol mexicano.
Su acervo personal, que abarca desde piezas antiguas hasta indumentaria actual, traza una línea tangible del devenir del equipo tuzo, lo que le ha valido reconocimiento entre historiadores y aficionados por igual.
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Su pasión por el coleccionismo se remonta a 1992. En aquel año, Pachuca se enfrentaba a Santos Laguna y el abuelo de Tomás se encontraba hospitalizado. Cuando todo parecía un entorno gris, un gesto cambió el rumbo: gracias a un tío que conocía a Roberto Medina, recibió una camiseta azul marca Sport con el logo de Coca-Cola, utilizada en partidos de primera división.
“Me regalan la primera camiseta que tuve original de juego de Pachuca”, recordó en entrevista con La Copa TV. En una época en que las playeras oficiales eran casi inaccesibles, aquel obsequio encendió una pasión que perdura hasta hoy.

Sin embargo, la colección de Ramírez no es un simple acumulado: es una narrativa cronológica del Club Pachuca. En su acervo descansa una joya, la camiseta más antigua que posee, datada en 1969, confeccionada a mano con un número de cuero cosido por un zapatero local.
“Esa camiseta para mí es la más antigua que tengo en mi colección y creo que la más cara”, compartió. Se dice que fue utilizada por Moacyr.
También conserva reliquias simbólicas, como la primera camiseta que vistió Miguel Calero al llegar a Pachuca y la playera del ascenso frente a Zacatepec, firmada por todo el plantel, emblema del regreso al máximo circuito tras 19 años.
Entre las piezas más valiosas destacan la camiseta azul celeste del Clausura 2016, con la que los Tuzos vencieron a Monterrey en el último minuto gracias al gol de Víctor Guzmán; la camiseta usada en la conquista de la Copa Sudamericana 2006, primer título internacional oficial para un club mexicano en Conmebol; y la legendaria playera del Invierno 1999, utilizada por Alejandro Glaría en la final ante Cruz Azul, con la que Pachuca levantó su primer título de liga en la era profesional. Todas forman parte del núcleo más preciado de su colección.
Conseguir esas piezas ha exigido casi tres décadas de persistencia. Ramírez ha recorrido mercados locales, tianguis y redes sociales, además de contactar a exjugadores nacionales e internacionales.

En una de sus anécdotas más célebres relata cómo su esposa vio una camiseta Puma de la etapa Medford-Sáez en un puesto de jugos callejero. Tomás compró toda la caja de jugos, la devolvió al vendedor, le ofreció mil 500 pesos y cuatro camisetas repetidas… y consiguió la prenda soñada.
Dentro de su acervo, Tomás profesa una devoción especial por Miguel Calero. Ha reunido alrededor de 115 jerseys del legendario arquero: algunas piezas fueron obsequiadas por el propio Calero, otras adquiridas a través de contactos internacionales, e incluso algunas enviadas desde Irán. En un aniversario luctuoso del guardameta, decoró el arco norte del estadio Hidalgo con sus camisetas como homenaje significativo.
“De Miguel es muy difícil conseguir una camiseta auténtica; es muy caro y escaso”, puntualizó Tomás con respeto hacia el legado del portero.
Pero Ramírez va más allá del coleccionismo privado: su misión es compartir memoria. Ha prestado piezas de su colección para museos, exhibiciones y eventos culturales. Además, conserva todas las medallas oficiales obtenidas por Pachuca, desde la primera en 1999 hasta las más recientes en 2022.
“Es historia, y un jugador o cuerpo técnico rara vez desecha sus trofeos”, reflexionó, aludiendo al valor casi sagrado de esos objetos.

Su credibilidad y conocimiento lo han convertido en un referente entre aficionados, periodistas y otros coleccionistas. Está dispuesto a orientar, autenticar playeras, valorar piezas y responder consultas. A lo largo de los años ha recibido atractivas ofertas para desprenderse de su colección, todas rechazadas sin dudar.
A pesar de la dificultad constante para conseguir las piezas que aún le faltan, continúa alimentando su archivo día a día.
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“Sigo haciendo la colección más grande; al final de cuentas, no faltará ninguna camiseta”, afirmó.
Para quienes deseen conocer su obra, Tomás mantiene actividad en redes sociales bajo el nombre Tomás Ramírez Lagos en Facebook e Instagram, donde comparte fotos, anécdotas y detalles de camisetas, además de colaborar con otros coleccionistas.
“Si alguien que se dedica a coleccionar camisetas tiene duda de algún jersey, que me escriba; con gusto le ayudamos”, invitó a su comunidad futbolera.
En el plano de la historia deportiva, Tomás Ramírez, coleccionista por convicción y cronista visual del Pachuca, representa un puente entre generaciones. Su archivo no es un simple conjunto de prendas: es la memoria viva del club. Ha tejido conexiones entre el pasado y el presente, atesorando camisetas que van del estadio Revolución al Hidalgo, preservando firmas, glorias, derrotas y esperanzas del equipo tuzo.
Hoy, frente a la implacable estadística del paso del tiempo, Ramírez sigue su misión con disciplina. Cada nueva jersey incorporada es una ficha más en el rompecabezas de la identidad blanquiazul.
Su obra, insignia de devoción, merece reconocimiento, apoyo y legitimidad institucional. Porque cuando alguien busca Tomás Ramírez, coleccionista Pachuca, debe encontrar no solo un nombre, sino el testimonio visual de un club lleno de historia, pasión y futuro.
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