Su vida para el futbol

Tomás Balcázar González (4 de mayo de 1931, Guadalajara, Jalisco) fue un hombre apasionado por el futbol desde su infancia.

Entre sus anécdotas está que estuvo muy cerca de debutar con Atlas, pero la indecisión de los dirigentes provocó que Balcázar aceptara irse con el Guadalajara, que le hizo una oferta concreta.

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Es parte de la historia de un deportista que soñó y alcanzó sus metas.

Hijo de Tomás Balcázar Franco y Teodora González, fue el segundo hijo de cuatro (Irene, Rosario, y Pablo).

El inicio de su vida no fue sencilla, ya que sufrió algunas carencias, y luego de radicar un tiempo en la calle 8 de Julio, en el número 576, la familia se mudó a una vecindad en Sánchez Romay, que actualmente es la avenida La Paz.

Al iniciar sus estudios en la primaria, Tomás debió alternarlos con un trabajo improvisado que era el llevar tortillas al mercado Corona, para así ayudar un poco a su familia.

Sin embargo, Tomás no dejaba de vivir como un niño, y jugaba con sus amigos de la cuadra a las canicas, encantados, pero sobre todo, al futbol, en alguna cancha de llano.

Según relata Alfredo Magaña Cárdenas, en el libro biográfico Tomás Balcázar, el futbol su vida, uno de los recuerdos de niñez que más permanecía en su memoria eran los lonches de la Playita que costaban 10 centavos. Pero el chico ya tenía la idea de jugar al futbol, y buscó la oportunidad en equipos amateurs como el Santos y el GAF, donde no fue aceptado, y a los 12 años encontró lugar en el Nacional en donde permaneció hasta los 17.

Tomás se desempeñaba como delantero y su olfato goleador acompañado de su buen remate de cabeza llamaban la atención de quienes lo veían, y uno de ellos fue el técnico del Atlas, Eduardo Valdatti, quien junto a Moisés Estrada le pidieron que hiciera una prueba con los Rojinegros. Lo hizo, pero no hubo oferta concreta, así que Balcázar regresó con su equipo, y en 1948, ya estaban sobre la mesa otras ofertas aparte del Atlas, las del Tampico, Atlante y el Guadalajara.

El presidente del Nacional, Daniel Jaime, habló con Tomás para exponerle las ofertas que tenía. El muchacho, con solo 17 años, le comentó que lo único que solicitaba es que le dieran oportunidad de tener una actividad extra para sumar más dinero que llevar a su familia. El directivo le aclaró que no se preocupara por tal factor, ya que con el sueldo que le pagaría el Guadalajara, que eran 700 pesos mensuales, no tendría que preocuparse por un trabajo extra.

Cuenta el biógrafo que cuando Balcázar llegó con su mamá con siete billetes de 100 pesos, ella pensó que había robado, por lo que de inmediato él le dijo entre risas que era el adelanto por su incorporación al Club Guadalajara.

A partir de entonces Tomás Balcázar integró al equipo que en casi toda la década de los cincuenta fue conocido como el “Ya merito”, porque se quedaba a un paso de ser campeón.

En aquel plantel figuraban los personajes que con el tiempo se convertirían en leyendas del Campeonísimo, como Jaime Tubo Gómez, Guillermo Sepúlveda, Crescencio Mellone Gutiérrez, Salvador Reyes, Raúl Arellano, José Jamaicón Villegas, Juan Jasso, entre otros.

En la temporada 1952-1953 anotó en seis partidos consecutivos, y así igualó el récord de Max Prieto.

La calidad de Balcázar como delantero era garantía, por lo que fue elegido para integrar la selección que asistió al Mundial de Suiza 1954, en donde anotó un gol en la derrota de 3-2 ante Francia.

Finalmente, luego de varios intentos, el Guadalajara se coronó campeón de Liga en la temporada 56-57 en un partido vibrante ante el Irapuato, en el partido definitivo jugado el 3 de enero de 1957 con el gol en tiempo de compensación de Salvador Reyes.

Balcázar apenas tenía 26 años de edad, y aún le quedaba más tiempo por jugar, y solo pudo prolongar su carrera hasta 1958 debido a que arrastraba una fuerte lesión en la rodilla izquierda provocada desde sus inicios en 1950, cuando en un partido contra el Oro, el Negro Barba se barrió sobre él, lo levantó y al caer lo hizo de mala manera sobre su articulación. Tal lesión le impidió estar listo para asistir al Mundial de Brasil de aquel año.

Era un tiempo en el que la medicina deportiva no existía como tal, y a pesar de las rehabilitaciones poco efectivas, su juventud y fortaleza le alcanzaron para jugar unos años más, pero en 1958 los dolores ya eran insoportables y debió declinar en su deseo de seguir en la cancha.

En los diez años que jugó para Chivas, Balcázar anotó un total de 51 goles.

En su época posterior fue auxiliar en diversos equipos, y volvió a Chivas en la temporada 86-87 para ser auxiliar de Alberto Guerra y coronarse campeón de Liga al vencer a Cruz Azul.

 

Omar Fares I Agencia Reforma

 

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