Tras perder el Olímpico, el equipo de Larcamón deberá afrontar el torneo sin el respaldo de una localía real
Como podría suceder en un vecindario popular, al Cruz Azul lo dejaron fuera de su casa a pocos días de su debut este miércoles como local en el Clausura 2026, un golpe para el coloso mexicano, que deberá jugar todo el torneo como visitante.
Al anunciar el calendario en diciembre, la Liga MX anunció que la Máquina disputaría sus ocho partidos de la fase regular en el estadio Olímpico Universitario, propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que compartía con los Pumas.
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Pero el jueves pasado, un día antes del inicio del campeonato, Cruz Azul solicitó a la liga un cambio de sede, ya que la UNAM se rehusó a seguirle rentando el recinto tras una seguidilla de desacuerdos.
Los hombres que dirige Nicolás Larcamón oficiarán de locales en el estadio Cuauhtémoc, en Puebla, donde reciben hoy al Atlas por la segunda fecha.
Trasladarse a Puebla, a más de 130 kilómetros de la capital, significa que, en términos prácticos, Cruz Azul jugará todo el torneo como visitante.
El equipo cayó 2-1 ante León en el debut del Clausura, un revés que causó un vendaval de críticas contra el entrenador argentino y sus dirigidos.

La prensa mexicana ventiló que Cruz Azul solicitó a la UNAM la renta del estadio Olímpico el 17 de octubre, pero la institución respondió negativamente a la petición casi tres meses después, el 6 de enero, tres días antes del arranque del Clausura.
Cruz Azul fue huésped del Olímpico durante 2025. La Máquina tuvo mejores taquillas que los Pumas y, además, en esa cancha, ganó la Copa de Campeones de la Concacaf frente al Vancouver Whitecaps.
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Pero los logros económicos y deportivos llegaron acompañados de problemas fuera del campo, que, según la prensa local, causaron que la UNAM ya no rentara su hogar.
En octubre murió un aficionado celeste tras un enfrentamiento con el personal de seguridad. Un mes más tarde, las dirigencias de ambos conjuntos tuvieron diferencias debido a la grave fractura que Adalberto Carrasquilla, mediocampista felino, provocó al colombiano Kevin Mier, portero celeste, en la última jornada del Apertura.

La ausencia de un hogar propio es toda una paradoja para uno de los equipos más populares de México y que, además, es propiedad de la Cooperativa Cruz Azul, una de las empresas cementeras más importantes de México.
“¡Qué vergüenza ser uno de los cuatro grandes y no tener estadio propio!” y “¿Cómo es posible que el equipo de mi pueblo, que es amateur, tenga un estadio y Cruz Azul no?”, cuestionaron aficionados en redes sociales.
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Cruz Azul, cuarto equipo con más estrellas ligueras (9) en México, ascendió a primera división en 1964. Entonces jugaba en el estadio 10 de Diciembre, en Hidalgo. Ahí ganó sus dos primeros títulos de liga.
El recinto todavía existe, pero no puede ser usado porque no cumple con los requerimientos para alojar juegos de primera división debido a su capacidad, de 17 mil espectadores, menor a los 20 mil requeridos por la Liga MX.
Desde 1971, Cruz Azul jugó en el estadio Azteca y en el Ciudad de los Deportes, que durante más de dos décadas fue conocido como estadio Azul por tener las gradas pintadas de ese color.
Durante años, sus dirigentes se han comprometido a construir un estadio para la Máquina, incluso han hablado de terrenos y presentado proyectos, pero las iniciativas no han salido del papel.
“Yo empatizo mucho con el hincha y entiendo que hoy está inquieto, incómodo, exigiendo muchísimo porque, por su grandeza, Cruz Azul siempre ambiciona logros”, dijo Larcamón. “Este equipo va a estar en la instancia decisiva del campeonato y buscará la coronación que añora nuestra afición”.
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