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Se fue el más grande


La muerte de Diego Armando Maradona estremeció a todo el mundo.

Un hombre que siempre dio de qué hablar, ya sea por alguna gambeta increíble dentro de la cancha, así como los errores que cometió fuera de ella.

Villa Fiorito vio nacer al 10 un 30 de octubre de 1960 y hoy, 25 días después de su cumpleaños 60, dejó este mundo terrenal, en medio de una total conmoción en su país natal.

Desde pequeño supo que el futbol era el camino para sacar a su familia. Su talento natural para este deporte lo llevó a debutar a los 15 años con el Argentinos Juniors; después, vino si paso por el Boca, Barsa, Napoli, Sevilla y el Newell’s Old Boys.

El Pelusa era un mago, capaz de recorrer 60 metros con la pelota controlada, eludir a toda la defensa y clavar un gol de antología, como ese que nos regaló a los mexicanos, y al mundo entero, en el Mundial del 86.

Como todo mortal, también fue víctima de las tentaciones, aunque, como lo dijo en su despedida: “La pelota no se mancha”.

Maradona nunca dejó de estar ligado al futbol, aunque su pasó en el banquillo no fue tan abundante como en el campo, en nuestro país dio muestra que podía hacerlo bien.

En dos torneos, con su simple presencia revivió a unos caídos Dorados de Sinaloa y estuvo a punto de ascenderlos al máximo circuito.

Lástima que su estadía solo fue de casi y un año, de aquí partió al Gimnasia y Esgrima La Plata, el último club en su vida, donde, como en la mayoría de los equipos por lo que pasó, fue tratado y recibido como rey.

Con la muerte de Maradona, quizá se fue una parte también de todos los que amamos este deporte; aunque su legado siempre prevalecerá en el futbol.

Se fue el hombre, pero nace la leyenda, esa que le contaremos a nuestro hijos, de que fuimos testigos de ver al mejor 10 en la cancha.

 

Alejandro Velázquez

 

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