El reconocido árbitro de Max Proad combina su pasión por la lucha libre con una batalla personal contra el linfoma de Hodgkin, demostrando que la actitud positiva y el amor del público son su mejor medicina

Sobre el ring, el árbitro impone orden; fuera de él, lucha por su salud y su futuro. Foto: Alejandro Velázquez
Rafiki no solo impone orden sobre el ring; también lleva siete años en una lucha personal contra el linfoma de Hodgkin, una batalla que no lo ha doblegado y que espera terminar pronto con un conteo de tres que lo declare vencedor absoluto.
El 18 de octubre de 2018 recibió el diagnóstico que le cambiaría la vida. Desde entonces, no ha dejado de cuidarse ni de observar cada señal de su cuerpo, manteniéndose firme en la etapa dos de su enfermedad con el objetivo claro de salir adelante.
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“Nos enteramos el 18 de octubre de 2018; ahora pasó a etapa dos y la hemos estado manteniendo así”, recordó en entrevista con Criterio.
Aunque parece incansable arriba del cuadrilátero, donde imparte justicia en las funciones estelares de Max Proad en la arena Afición, Rafiki reconoce que su verdadera lucha se libra fuera del ring, frente a un rival invisible pero constante.
“Gracias a Dios nos hemos respetado los dos, la enfermedad y yo a ella, pero seguimos manteniéndonos muy alertas, porque en cualquier momento puede atacar. No nos queda otra más que tener una actitud positiva y, como siempre lo he dicho, yo tengo un diagnóstico, pero no una sentencia a nada”, agregó.
Los tratamientos han sido duros y las secuelas no han pasado desapercibidas, especialmente las quimioterapias, que en ocasiones lo dejan agotado física y emocionalmente. Sin embargo, su motor sigue siendo el ambiente del pancracio y el cariño del público.
“A veces son los medicamentos, lo que son las quimios, lo que me bajonea mucho; pero gracias a Dios, la actitud es una de mis fortalezas, y mi presencia en las arenas, cuando me subo a un cuadrilátero, es una de mis máximas medicinas”, expresó.

Desde que llegó a la arena Afición hace poco más de un año, se ha convertido en uno de los personajes más queridos del recinto, ganándose al público con su entrega y profesionalismo.
“Tengo grandes emociones con esta arena. Cuando llegué hace un año me costó trabajo, pero después ya me sentía como en casa. La gente me aceptó y yo estoy encantado con el público de la arena Afición”, manifestó.
Aunque todavía no canta victoria, Rafiki tiene claro cuál es su objetivo final y se mantiene enfocado en alcanzarlo.
“Nos falta un poco más. Esperemos que en unos años esa sea la gran meta: lograr que se vaya de mi cuerpo esa enfermedad”, confió.
Y como buen guerrero, lanzó un mensaje para quienes también enfrentan la misma batalla fuera de los reflectores: “A todas esas personas que tienen esta enfermedad, no se dejen caer. Siempre se puede, cuando tú quieres luchar por tus sueños. Los invito a tener una actitud positiva”, apuntó.
Mientras tanto, Rafiki sigue contando cada día como un round ganado, con la mirada al frente y esperando pronto dejar la cuenta en tres.
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