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Muere marchista Ernesto Canto

Hace un año el diagnóstico que le dieron a Ernesto Canto, el marchista que ganó el oro en los Juegos Olímpicos de 1984, fue como un golpe seco que lo dejó sin palabras por algunos minutos: cáncer en el páncreas y en el hígado.

De inmediato entendió por qué su cuerpo se había consumido en unos meses y apenas tenía fuerza para levantarse y caminar, algo que le apasionó toda su vida y que se convirtió en su profesión.

Fue reclutado cuando era un niño por el entrenador Miguel Ángel Sánchez, a quien le encantaba recorrer las escuelas públicas cercanas al CDOM para sumar niños y jóvenes a quienes les gustara la caminata.

A los 13 años consiguió el campeonato nacional en la categoría infantil y más adelante pasó a formar parte del grupo de andarines de Jerry Hausleber.

A partir de ahí su carrera fue en ascenso, una lesión le impidió acudir a los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, pero regresó más fuerte a la siguiente justa.

Los años que siguieron fueron los mejores para este marchista que era ligero de pies y de un gran espíritu.

Para 1983 ganó los Juegos Panamericanos de Caracas y el Mundial de Helsinki, preparando lo que estaba por venir en los Olímpicos de Los Ángeles en 1984, don-de ganó el oro en la marcha de los 20 kilómetros.

A su retiro decidió trabajar para fomentar el deporte y ocupó varios cargos en la política, fue conferencista donde compartía sus experiencias como atleta y la mentalidad que debe tener alguien que nunca debe dejarse vencer en la vida.

Canto no hizo pública su lucha contra el cáncer, pero a finales de octubre su familia solicitó donadores de sangre. Ernesto decidió dejar de luchar y aceptó que lo sedaran porque ya no había medicamentos que pudieran mitigar el dolor.  Hasta que su luz se apagó a los 61 años de edad.

 

Adrián Basilio I Agencia Reforma

 

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