Sin herencia luchística, la hidalguense construyó su camino con disciplina diaria y una motivación nacida desde la afición familiar

Kerrigan vuelve al ring con mayor claridad y seguridad en su lucha. Foto: Alejandro Velázquez
Kerrigan visualiza el 2026 como un año de crecimiento y confirmación en su trayectoria luchística, construyendo su camino desde el entrenamiento constante, los ajustes técnicos y una claridad distinta sobre su lugar y sus objetivos.
Tras un año con actividad en pausa, la gladiadora hidalguense siente que esta nueva temporada la encarará con mayor confianza para buscar nuevos retos.
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“Hasta ahorita que regresé, creo que regreso mejor; me siento muy bien y preparada para lo que venga, me siento al cien”, afirmó Kerrigan.
La enmascarada entiende que el crecimiento no siempre es visible. Durante meses estuvo lejos de la regularidad en funciones, pero también lejos de la inactividad: el trabajo diario se sostuvo aun sin reflector, una decisión que hoy se traduce en mayor confianza y control dentro del ring.
“No he luchado tal vez, pero no he parado los entrenamientos; he estado entrenando y creo que por eso regreso mejor”, explicó.

Ese proceso tomó forma con cambios puntuales en su formación. El trabajo con Pequeño Makara sentó bases y reforzó la confianza, mientras que la llegada del profesor Intruso Jr. permitió a Kerrigan corregir vacíos técnicos que antes no identificaba, una combinación que le dio orden y tranquilidad.
“Empecé entrenando con Pequeño Makara, confió en mí desde el primer día, y ahora con el profe Intruso ya me siento más tranquila en ese aspecto”, señaló.
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Con esa preparación, el enfoque para este año es concreto: sumar funciones, generar continuidad y permitir que promotores y público conozcan su trabajo. El objetivo no es acelerar procesos, sino sostener presencia y responder con rendimiento cada vez que se le presente la oportunidad.
“Quiero más trabajo, más eventos, que la gente conozca mi trabajo. Soy una chica que le echa ganas y que no se rinde”, apuntó Kerrigan al hablar de lo que espera construir en el corto plazo.
Aunque su trayectoria marca poco más de tres años como luchadora desde su debut en 2022, ella misma relativiza esa cifra. El aprendizaje real llegó cuando entendió la importancia de la constancia, de entrenar sin depender del calendario de funciones y de asumir la lucha como un oficio que se pule todos los días.
“Llevo como tres años luchando, pero prácticamente los cuento apenas; ahora sí he estado entrenando de manera constante”, reconoció.

Uno de los retos más complejos de Kerrigan ha sido abrirse espacio y darse a conocer, pasar de una etapa de desconocimiento total a sentirse capaz de competir y exigir un lugar, un proceso que no fue inmediato y que todavía está en marcha.
“Al inicio no sabía nada de la lucha, la verdad; ahorita ya me siento capaz de enfrentar a nuevas luchadoras y vengo con mucha garra de ganarme un lugar”, sostuvo.
La motivación original de Kerrigan nació lejos del ring, sin herencia luchística, pero con una rutina familiar que sembró la inquietud: domingos frente al televisor viendo lucha libre junto a sus abuelos, una imagen que terminó por definir su vocación.
“No tengo familia luchística, soy la única. Me animé por mi abuelo; todos los domingos veíamos las luchas y pedí la oportunidad”, recordó.
Consciente de sus miedos y del trabajo que aún tiene por delante, Kerrigan arranca el año con una postura clara: preparación constante, paciencia y la determinación de que su crecimiento se sostenga dentro del ring, no desde el discurso, sino desde el rendimiento.
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