Bonifacio Núñez
Bonifacio Núñez Foto: Alejandro Velázquez

Hidalguense Bonifacio Núñez, genio y figura

Ningún árbitro como Don Boni al aplicar el reglamento, y ninguno tan pícaro para no aplicarlo cuando los mañosos jugadores de barrio o de futbol profesional, querían sacar ventaja.
El hidalguense destacó en el arbitraje por su astucia, pero también por su rectitud y por siempre estar del lado de la justicia, aun si lo amenazaban con pistola en mano.

Morfeo le saca la roja

La rutina era la siguiente antes de los juegos: almuerzo pesado, siesta, y alistarse 3 horas y media antes de la patada inicial. Una tarde en Monterrey, no lo despertaron en el hotel. El Tigres vs. Chivas se jugaba a las 5:00 p. m. “Eran cuarto para las 4 cuando salí del hotel. Me dice un taxista: ‘uy, Don Boni, no va a llegar’. Se va y regresa montado en una motocicleta, con un agente de tránsito, ‘órale Don Boni’. Y yo montado atrás del motociclista. Le di una buena propina. Ahí iba yo agarrado a 20 uñas. Llegué como 4:25 al estadio”.

Más que el Macho

Hugo Sánchez tenía la costumbre de ponerse adelante del portero y estar saltando, en el tiro de esquina. Así, el Penta metió un gol en el Ecuador vs. México de Copa América 1993, pero no frente a Bonifacio Núñez.

Al goleador le disgustó que Don Boni le impidiera saltar. A los pocos minutos, le gritoneó por una decisión.

“Salí corriendo a donde estaba él, casi a media cancha. Me dijo ‘no es falta’. Le dije ‘sí es falta’, le metí la tarjeta y le dije ‘yo grito aquí y en mi casa, y usted solamente en su casa'”.

Mejor aquí corrió

En el libro Guantes Blancos, Félix Fernández narra la historia de la ocasión en que Don Boni arbitró en un barrio marginal, en donde le dieron una advertencia, con pistola en mano: “Ya sabe mi ‘arbi’, hoy tenemos que ganar para que no se quede triste su familia”.

Pese al miedo, Núñez arbitró con rectitud.

“Por eso aquella vez que lo bautizaron salió corriendo, pero sólo después de no cumplir con la invitación del pistolero”, escribió Fernández.

Arruina Navidad

De un jugador del Toluca contra Tampico, en época decembrina: “En el equipo rojo jugaba un delantero extranjero muy decente, y cuando ya estaba el partido por concluir y, además, ganando su equipo, de repente se dirigió a mí diciéndome: ‘¿Qué marcas?, estás inventando, ¿tienes miedo?’, con palabras soeces.

“En ese momento iba a sacarle la tarjeta roja, pero me arrepentí y le dije: ‘Usted quiere que lo expulse para irse de vacaciones, así que aquí se queda'”.

El futbolista se disculpó y le pidió a Don Boni saber cómo lo descubrió.

El niño oloroso

Tras viajar en avión a Minatitlán, abordar un taxi a Coatzacoalcos y tomar un autobús a Nanchital para un juego de Tercera División: “El autobús era de los llamados ‘polleros’. Logré subirme por la puerta de atrás, parado, con petaca en mano, corbata y, encorvado, con ese calor insoportable atrás del último asiento, un sauna. Un niño le dijo a su mamá que le apretaban los zapatos, ‘pos’ quíteselos mi’jo’; así que ya se han de imaginar los olores. El regreso fue por el estilo, pero sin el niño al que le compraron zapatos”.

Édgar Contreras I Agencia Reforma

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