Con un fútbol colectivo y letal, el Paris Saint-Germain goleó 4-0 al Real Madrid en el MetLife Stadium y avanzó a la final del Mundial de Clubes. Dembélé y Fabián Ruiz fueron figuras en un duelo marcado por los errores blancos y el triste adiós de Modric

Fabián Ruiz marcó doblete y comandó la goleada del PSG ante el Real Madrid, firmando una de sus mejores actuaciones en torneos internacionales. Foto: AFP
En una nueva exhibición que esta vez se cobró como víctima a un antiguo aliado, Kylian Mbappé, el Paris Saint-Germain bailó 4-0 al Real Madrid este miércoles a las afueras de Nueva York y avanzó a la final del Mundial de Clubes.
Bajo un fuerte sol en el MetLife Stadium de East Rutherford, el equipo de Luis Enrique quemó el sueño americano de Xabi Alonso y compañía con una primera parte de lujo que le permitirá citarse con Chelsea el domingo en la final del torneo de la FIFA.
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Los parisinos se impusieron en el esperado duelo entre los dos últimos monarcas del Viejo Continente con un doblete de Fabián Ruiz (6’ y 24’) y dianas del imperial Ousmane Dembélé (9’) y Gonçalo Ramos (87’).
El rey de Europa marcha insaciable en su propósito de marcar una era en el balompié y por eso no se apiadó de Xabi Alonso, cuya llegada al banco merengue no garantizó que cerraran la temporada con un gran título en el bolsillo.
Con su trío de mediocampistas de encanto y la reaparición en la titular de Dembélé, mermado en la competición por una lesión muscular, el PSG desnudó las falencias defensivas del Madrid, que sufrió las bajas —por sanción y lesión– de Dean Huijsen y Trent Alexander-Arnold.

Alonso experimentó por primera vez los inconvenientes de contar con hombres muy peligrosos adelante —Mbappé, Vinícius Jr, Gonzalo García— pero de poco valor defensivo.
Les Parisiens, en cambio, demostraron una vez más que funcionan como un solo organismo, lo que echaban en falta cuando contaban con Mbappé, Messi y Neymar, hasta el punto de forzar errores groseros en la defensa española.
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A los 10 primeros minutos ya habían sellado su pase a la final gracias a dos pifias de Raúl Asencio, reemplazante de Huijsen, y de Antonio Rüdiger.
En la primera, el central ibérico, de flojo torneo, perdió un balón en el área tras una emboscada del Mosquito, que buscó la puerta de Thibaut Courtois. El arquero belga lo derrumbó, pero la bola quedó en los pies de Ruiz, quien definió con el arco vacío.
Tres minutos después, otra equivocación mayúscula, esta vez del zaguero alemán, que perdió el control ante un Dembélé que prendió motores hasta encontrarse con el 1, al que venció con una fina definición de zurda.
El PSG no cedió en su oportunidad de propinarle una paliza histórica al equipo más veces campeón de Europa, y menos bajo el mando de Luis Enrique, enemigo clásico del madridismo.

En su primera titularidad en el Mundial, tras perderse la fase de grupos por gastroenteritis, Mbappé mostró voluntad para herir a su exequipo, del que partió hace un año —en medio de polémicas— con rumbo al cuadro madrileño.
Pero de su acción ofensiva más clara, paradójicamente, salió un nuevo tanto: Marquinhos, quien tuvo en Lucas Beraldo al reemplazo del suspendido Willian Pacho, amortiguó un remate suyo que Gianluigi Donnarumma recepcionó con sus brazos.
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El portero italiano comenzó entonces una jugada de al menos 15 pases, revolucionada cuando aterrizó por la derecha al lateral Achraf Hakimi, quien hizo una pared larga con Dembélé. Partícipe de los tres primeros goles, el 10 asistió a Ruiz para que noqueara a Courtois.
Silencio sepulcral de los 77 mil 542 asistentes al MetLife Stadium, disfrazado de blanco casi en su totalidad, que apenas observaron algo de reacción en su equipo en la segunda parte, especialmente cuando Alonso sustituyó a Vinícius e ingresó a Dani Carvajal y a Luka Modric.
El lateral asumió la banda derecha, ocupada en la primera parte por Federico Valverde, y el 10 croata mostró garra para salvar el honor en su último partido con el Real Madrid.
Pero, desde lo lejos, vio el puntillazo final, cuando Bradley Barcola guió una contra, con una bella autohabilitación incluida, y asistió a Ramos, quien con una definición soberbia mandó a casa al Madrid.
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