Su legado vive en cada función, en cada alumno, en cada aplauso que aún resuena en la arena Afición

Black Terry fue protagonista de épicas funciones en Pachuca, ganando cabelleras y corazones. Foto: Alejandro Velázquez
La lucha libre mexicana se estremece con la partida de uno de sus íconos: Black Terry, quien falleció a los 72 años, dejando una profunda huella en los encordados y especialmente en escenarios como la arena Afición, de Pachuca. Su legado no solo vive en sus triunfos y batallas memorables, sino en las generaciones que formó con pasión y disciplina.
Con más de cinco décadas de carrera, Black Terry, cuyo nombre de pila era Esteban Mares Castañeda, se convirtió en un referente indiscutible del estilo a ras de lona. Su dominio técnico y su estilo aguerrido le ganaron el respeto de compañeros y aficionados.
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Fue entrenado por Luis Canales y Babe Face previo a su debut en Guadalajara, en 1972. Aunque usó el nombre de La Gacela tiempo después, regresó al nombre que le dio popularidad tras perder la máscara ante El Signo, en 1977. Bajo el nombre de Black Terry escribió las páginas más brillantes de su historia, participando en agrupaciones como Los Temerarios y Los Guerreros del Futuro.
Black Terry fue un estandarte del sector independiente de la lucha libre, aunque también, en su momento, fue parte de las filas del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) y el Grupo Internacional Revolución (IWRG, por sus siglas en inglés), siendo incluso instructor de la arena Naucalpan.
La arena Afición fue testigo clave de su grandeza. Allí, Black Terry brilló con luz propia, protagonizando luchas que aún resuenan en la memoria de los fanáticos de Pachuca. En ese histórico recinto hidalguense, vivió noches épicas, como la jaula de 2014, en la que dejó sin melena a Mohak, demostrando que aún en la madurez, la calidad no se pierde.

Pero no fue solo en la arena Afición donde se consagró. En Pachuca, también dejó huella en la arena Azteca y en el Deportivo 11 de Julio de Mineral de la Reforma, escenarios que vibraron con cada movimiento del maestro Black Terry. Su presencia era sinónimo de entrega total.
Asimismo, municipios como Tulancingo también recibieron su talento, especialmente en luchas de apuestas donde su experiencia enfrentaba a la sangre nueva. En 2016, Aeroboy logró arrebatarle la cabellera, en una muestra de que el maestro seguía dando cátedra incluso en la derrota.
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Black Terry no fue solo un luchador; fue una institución. En cada función, en cada rincón de Pachuca, y especialmente en la arena Afición, su nombre será sinónimo de pasión, lucha y entrega eterna. Que descanse en paz el maestro del pancracio mexicano.
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