El exportero colombiano permanece como un símbolo de liderazgo y gloria para los Tuzos, en un aniversario marcado por nostalgia
Hace 13 años, un 4 de diciembre que quedó marcado en la memoria del Pachuca, Miguel Calero emprendió su último vuelo. El 13 es un número que suele asociarse a la mala suerte, pero hoy cobra un sentido distinto, casi simbólico, para recordar la magnitud de un hombre que transformó la historia de un club y dejó un hueco que aún ha sido imposible de llenar.
En este aniversario luctuoso, Pachuca vuelve a sentir el eco de aquel día en que el ícono cafetero se convirtió en eternidad.
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Miguel Calero ingresó de emergencia el 25 de noviembre de 2012 a un hospital de Pachuca y posteriormente fue trasladado a Ciudad de México para recibir atención especializada tras sufrir una malformación arteriovenosa.
Fueron jornadas de incertidumbre que paralizaron a la afición. El 3 de diciembre se confirmó su muerte cerebral y, pasadas las 12:00 horas del día siguiente, se anunció su fallecimiento. La noticia sacudió al futbol mexicano, pero especialmente a la Bella Airosa, donde el arquero se convirtió en leyenda.
El velorio de Miguel Calero, realizado en el auditorio Gota de Plata, reunió a miles de aficionados que acudieron para despedirse del portero que cambió la identidad competitiva de los Tuzos. Un día después, el estadio Hidalgo volvió a recibirlo, esta vez con un silencio reverencial, para la misa de cuerpo presente. La mitad de sus cenizas regresó a Colombia; la otra permanece en Pachuca, la ciudad que adoptó como su segunda casa.

Miguel Calero llegó al futbol mexicano en el 2000, procedente del Atlético Nacional. Su debut no fue sencillo, pues recibió cuatro goles ante Toluca en el Huracán; sin embargo, aquel inicio turbulento solo sirvió para forjar el carácter con el que se convertiría en referente absoluto.
Menos de un año después disputó su primera final; luego, en diciembre de 2001, conquistó su primer título liguero. A partir de ahí, Miguel Calero se volvió sinónimo de triunfo, al conquistar los campeonatos del Apertura 2003, Clausura 2006 y Clausura 2007, además de cinco coronas de la Liga de Campeones de Concacaf y tres participaciones en el Mundial de Clubes. También fue figura clave en la histórica obtención de la Copa Sudamericana en 2006, lo que colocó a Pachuca en una dimensión internacional inédita.
Antes de llegar a México, Miguel Calero había construido una carrera sólida en Colombia, donde jugó con el Sporting Barranquilla, Deportivo Cali y Atlético Nacional, con títulos de liga y la Merconorte, además de su participación en la selección que disputó el Mundial de Francia 1998 y levantó la Copa América en 2001. Todo ese recorrido lo llevó a convertirse en un portero de presencia imponente, voz de mando y personalidad única.
Hoy, 13 años después, la figura de Miguel Calero sigue viva y sus atajadas aún retumban en el Hidalgo a través de los relatos de quienes lo vieron volar.
Y aunque el club suele recordarlo con cariño y solemnidad, también persiste una deuda pendiente, pues en 2022 se anunció la construcción de una estatua de tamaño natural en su honor. A la fecha, no hay avances ni indicios de que ese homenaje prometido vaya a materializarse.
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