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Columnas deportivasLa Copa

El carrito de los campeones


Tantas cosas que pasaron la madrugada del lunes en el Estadio Azteca y tan poco espacio que tengo para contarles todo lo que vi y lo que me platicaron mis Juditas que circularon libremente entre los festejos americanistas (y el sepelio celeste)!

Bueno, pues una de las cosas que más me causó gracia fue que después de pasárselo súper chido en el festejo por la estrella 13 de las Águilas del brazo de su hijo Miguel Herrera, la señora Marisela Aguirre dijo “ya basta” y como siempre ha sido una mujer que no depende de nadie, se encaminó hacia la salida, pero no contaba con esa rampa eterna que conduce de la cancha a la parte exterior del Coloso de Santa Úrsula y, de plano, en la salita de prensa mejor se sentó en una de las butacas para recobrar el aliento antes de aventarse el camino hacia arriba.

Afortunadamente, un familiar suyo estaba cerca y raudo y veloz le pidió a la banda del estadio que si les prestaban el “carrito de las desgracias”, al cual se subió la señora Aguirre con bastantitos trabajos por el cansancio acumulado, ahhh, pero ni eso impidió que la mamá del Piojo se fuera del Azteca con una sonrisota de oreja a oreja en la gran noche de su vástago.

BRINDIS MERECIDO
Ya en pleno festejo americanista, me contaron que el primer brindis de una de sus figuras fue también una liberación luego de más de seis meses sin tomar gota de alcohol.

Cierto personaje que hizo grandes paradas durante todo el torneo, que se lució en la ida de Semis ante Pumas y que el domingo casi no tuvo chamba por culpa del pánico con que jugó Cruz Azul, se hizo el propósito de guardar las botellitas y mantenerse súper concentrado para rendir a tope y vaya que lo hizo, por lo que con trofeo en mano y presión liberada, pudo decir salud como todo un campeón… ¡Salud, mi Agus!

SUEÑO DE CAMPEONAS
Y ya acabadas las celebraciones, pues no faltó quienes se quedaron por ahí inquietos, o más bien, inquietas, por el asunto de los premios que la directiva del América les dará por haber destronado a Tigres en la Liga MX Femenil.

Me contó mi Judas femenil que las muchachas azulcremas están muy ilusionadas porque ya les chismearon que en alguno de los títulos recientes del primer equipo, el dueño se ha visto espléndido y ha regalado coches a los campeones, por lo que más de una… bueno, casi todas, están súper emocionadas con la idea de que les
toque una nave.

No faltó alguna bromista que comentó que si a sus colegas de Pumas, que a duras penas llegaron a la liguilla y las echaron bien fácil, su directiva les dio autos, pues a ellas les debería tocar algo mucho mejor por la hazaña de pintarle la cara a Tigres en su propio estadio y ante su gente.

Dicen que las campeonas van a estar bien atentas a sus árboles de Navidad
este 24…

Y EL DESFILE ¿APÁ?
Lo que sí se me hace una auténtica chacalada es que América se las haya aplicado una vez más a sus aficionados. Qué chidas las fiestas privadas, las encerronas en Coapa, pero ¿y la banda? ¿y los que iban cada 15 días a desgañitarse al Azteca a apoyar?

Si hasta las maltrechas Chivas hicieron un desfile que fue una fiesta increíble hace unos meses que ganaron la Concachampions, ¿por qué rayos el Ame se niega a compartir el trofeo con la gente en las calles?

Y no me salgan que el gobierno y la manga del muerto porque desde aquella vez que se les quedó el turibús aparcado con las bolsas de basura tapando los letreros de campeón cuando León se los echó al saco, no ha habido intención alguna de compartir la felicidad con quien más la merece… su afición.

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